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En la Teogonía de Hesíodo, se dice que el caos aparece como estado de indistinción y confusión del que surge todo el universo. Hesíodo afirmó que el Caos, la Tierra (Gaia) y el Cielo (Ouranós) son las tres divinidades primordiales del origen de todo, pero «antes de todos los seres estaba el Caos, luego la Tierra de ancho seno» menciona en sus escritos.
De esta forma asegura que así, la Tierra, que supone ya un principio de ordenación y de estabilidad, surgió del Caos preexistente a ella. Hesíodo narró de manera mítica el origen de la Tierra y del Cielo a partir de sus ancestros: Erebo y la Noche, que derivan del Caos originario. La posterior aparición de entidades potencialmente destructoras y desordenadas (los cuales son conocidos como Titanes y Tifón), estos seres pusieron en peligro el orden inicial que luego fue restablecido por Zeus.
Muchos creen que esta narración griega está fuertemente inspirada por el poema babilónico del segundo milenio a.C. conocido como el Enuma elish, ligado a los ritos de renovación del poder por parte de los monarcas de los reinos e imperios basados en las llamadas «ideologías reales».
Pero… El Caos fue tomando distintas formas y significados a lo largo de los siglos.
En la biblia católica, la sección del Antiguo Testamento, varias palabras hebreas transmiten la idea de que significa vacío, desperdicio y desolación. Los verbos hebreos denotan hundirse en la oscuridad, convertirse en la nada o caer presa de la debilidad. Isaías plasmó que Dios anunció juicio sobre toda la tierra. Esto incluyó derribar la ciudad del caos para que nadie pudiera entrar. A través del poder de Dios, la línea de desolación y la plomada del vacío se extienden sobre Edom.
Sin embargo, en el pensamiento hebreo, el concepto más prominente del caos es el del desorden primigenio que precedió a la actividad creadora de Dios. Cuando «las tinieblas cubrían la faz del abismo», Dios, mediante su palabra, destruyó las fuerzas de la confusión.
A lo largo de las escrituras, el caos se personifica como el principal oponente de Dios. En las antiguas leyendas semíticas, un terrible monstruo del caos se llamaba Rahab (la soberbia), Leviatán (la criatura-dragón retorcida) o Yam (el mar embravecido). Si bien denunciaba con vehemencia la idolatría y proclamaban inequívocamente el poder incomparable del Dios Todopoderoso, los escritores bíblicos no dudaron en recurrir a estas imágenes paganas prevalentes para añadir viveza y color a sus mensajes, confiando en que sus oyentes israelitas comprendieron las verdades presentadas.
Dios demostró su poder en la creación gráficamente en la aplastante derrota del caos. Él calmó el mar, quebrantando a Rahab, embelleciendo los cielos y traspasando a la serpiente huidiza. Su victoria sobre Leviatán es bien conocida; Leviatán y el mar están a su mando. En la creación, frenó el mar embravecido y lo encerró en sus límites. Extendió los cielos y pisoteó la espalda de Yam, el mar.
Un segundo uso de la figura del monstruo del caos involucró las victorias de Dios en el tiempo del Éxodo, usando el término Rahab como un apodo para Egipto. A través de Su poder, Dios dividió el mar y aplastó a Leviatán. Él calmó el mar crecido y aplastó a Rahab como un cadáver. Al matar al monstruo Rahab, Dios permitió que el pueblo pasara a través del mar de barrera.