La agencia central internacional (ACI) tiene el deber de proteger y cuidar a la humanidad de las amenazas terroristas como peligrosas. Olivia Brown es la jefa de departamento de preparacion y defensa Nacional, es la mejor agente en los últimos tiem...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Francesco gritó liberando toda la frustración que sentía, pateó con fuerza el cuerpo de un hombre que estaba en el suelo desangrándose, no le importó que este soltara un quejido de dolor, la bodega en la que se encontraba era oscuro y silenciosa, el grito que soltó anteriormente fue un eco que se oyó por todos los rincones.
Todo se había arruinado.
Ya no importaba tener un plan, no era necesario. Las voces en su cabeza hablaban al mismo tiempo, lo estaban irritando, llevó sus manos a sus orejas para callarlos, era un intento absurdo por hacerlos desaparecer, no lo dejaban en paz, sentía que se asfixiaría si continuaba así.
Todos hablaban al mismo tiempo, echándose la culpa, quejándose, reclamando, preocupados, no podía concentrarse, para Francesco había demasiado ruido, desde las paredes hasta el suelo se movían, todo se veía borroso, un rojo enceguecedor cubría su realidad.
Volvió a prestar atención al cuerpo del agente propinando otro golpe con su puño, la mandíbula de la víctima hizo un ruido extraño, la fuerza con la que fue sometido era desmedida, la frustración y la ira se descargaban contra él, el líquido carmesí salía expulsado como si de una fuente se tratara, tantos golpes recibió en esos días de cautiverio que se hallaba empapado de su propia sangre. El soldado no podía defenderse, lo ataron de manos y pies, desde que llegó a la bodega hace tres días atrás no paró de ser maltratado físicamente, se sentía al borde del desmayo, no lo habían alimentado ni dado agua, lo tenían ahí como un saco de boxeo.
El lugar era iluminado por una farola en el centro del techo que amagaba con apagarse, habían metales oxidados, maquinas con años en desusos, como el edificio fue abandonado hacía tiempo los roedores pasaban como dueños del lugar, la suciedad del suelo le daba el ambiente que se necesitaba para que las mafias cometieran sus crímenes ahí.
Esta vez fue el griego quien decidió interrogar al agente con sus propias manos, de paso, poder desquitar todas las emociones que reprimía. Llevaba una camisa blanca desaliñada arremangada hasta los codos, el pantalón negro y los mocasines marrones tenían manchas de sangre ajena, su aspecto era violento, salvaje, los rizos caían violentos por su rostro pegándose a la piel por el sudor, esta vez no llevaba los lentes de contacto, a estas alturas le parecía el menor de los problemas que vieron sus ojos de diferentes colores, los puños los abría y cerraba para liberar el estrés que lo hacía temblar.
Estaba nervioso.
Solo.
Se alejó unos pasos de su víctima, otra vez esas palpitaciones, la sudoración y dificultad para respirar, estaba harto de sentirse así. Inclinó su cuerpo hasta quedar un momento de cuclillas ignorando todo a su alrededor, experimentaba una sensación de falta de aire, su frecuencia cardíaca aumentaba, oía sus latidos irregulares. Sus manos temblaban y el dolor de cabeza empeoró gracias a eso.
Trataba de calmarse.
Cerró los ojos, repitiendo <<No es real, no es real>>, no quería tener las mismas alucinaciones, no ahora que todo estaba descontrolando, debía de centrarse y aplazar la crisis, no tenía tiempo para situaciones absurdas.