La agencia central internacional (ACI) tiene el deber de proteger y cuidar a la humanidad de las amenazas terroristas como peligrosas. Olivia Brown es la jefa de departamento de preparacion y defensa Nacional, es la mejor agente en los últimos tiem...
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El reloj marcaba las 8 p.m. Hilary Kennedy terminaba de secarse el cuerpo, se acomodó la toalla para dirigirse hacia la habitación tarareando una melodía. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que le concedieron días de descanso para recuperarse del ataque que vivió, asistió a chequeos médicos durante ese plazo, le informaron que se había dislocado la muñeca izquierda y el hombro derecho, su cabeza recibió muchos golpes por lo que tuvo que rasurarse para asegurar que no existía algún daño.
En los primeros días, luego de la pelea con Hasani Rinaldi, le dolía todo el cuerpo. Cuando le asignaron un período de descanso, no supo cómo reaccionar, no pudo explicar qué fue lo que sucedió, tomó sus cosas y viajó a San Francisco para despejarse.
Los directivos de la agencia central internacional se pusieron más estrictos con ella, le dieron ese período libre con la condición de hacerse los chequeos médicos necesarios y asistir a exámenes psicológicos en los consultorios privados asociados a la agencia. De esa forma estuvo sobreviviendo las primeras semanas.
Cuando se miraba en el espejo del baño le perturbaba su aspecto, grandes sombras bajo los ojos, la nariz tenía un corte en el medio sobre su tabique, varios partes de su rostro estaba con cicatrices y moretones que no se iban, no podía evitar lagrimear al pasar su mano por su cabeza rasurada. Le habían cortado los rizos que amaba, le habían quitado su identidad, todo lo que amaba.
Al pasar un mes, le removieron el yeso que sirvió para acomodar su hombro, recuperó la movilidad en la muñeca lastimada, sin embargo, no pudo volver a retomar su vida. Parecía marchita por fuera y por dentro.
Nunca recibió noticias de su esposo, llegó hasta el punto de no dormir por estar atenta a que alguien la contactara, aunque sea para tener noticias de Beckham, de la Jefa Brown o de su marido. La aislaron por completo de la investigación, de la misión y de la vida social. Los exámenes psicológicos no servían de nada, le hacían las mismas preguntas en cada sesión, no sabía exactamente qué querían que dijera.
¿Cómo fue atacada?
¿Quién la atacó?
¿Por qué lo hizo?
¿Por qué lo ocultaba?
Nadie sabía nada, Hilary miraba a esos profesionales con sus batas que daban sus aires de grandes doctores de la mente, pero ellos no sabían nada. Miraba al mundo con rencor, ese fue el primer sentimiento que comenzó a despertar en ella, porque nadie entendía lo que pasaba.
Nadie sabía lo que era vivir siendo el títere de alguien más, de ir por los rincones matando a alguien más, ser un verdugo del mismo diablo, un eslabón insignificante entre una jauría de lobos. Nadie entendía lo que era vivir con miedo a que te maten a ti o a tu familia, nadie lo conocía.
¿Alguna vez escucharon hablar de Francesco Rinaldi?
No, tampoco sabían que era capaz. Pero ella sí lo conocía, sabía perfectamente de las cosas que hacía, ahora comprendía lo que pasaba a su alrededor, experimentaba miedo, ansiedad y pánico.