Capítulo 32

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Mi nombre es Doctora Laura Bloom, médica psiquiatra, termine mi maestría y licenciatura en la academia de Stanford, trabajo en el área de salud mental, en el distrito 626,  supervisado por la Doctora Médica Científica Rosalind Lyon, en el campamen...

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Mi nombre es Doctora Laura Bloom, médica psiquiatra, termine mi maestría y licenciatura en la academia de Stanford, trabajo en el área de salud mental, en el distrito 626,  supervisado por la Doctora Médica Científica Rosalind Lyon, en el campamento clasificado de los Santorinis, hoy les voy a hablar del sujeto al que me asignaron observar, desde ya voy a aclarar que estos documentos que estoy haciendo son confidenciales, no tengo autorización de revelar la identidad de mi paciente.

Pero creo que es mejor así, quien llegara a saber sobre su identidad, estará corriendo un inevitable peligro.

Empecemos.

En este caso, nombraré al sujeto refiriéndome con un seudónimo hacia él, como  paciente A. Me encargaron estudiar su comportamiento durante una serie de pruebas, todas las hipótesis que les mencionare aquí son resultados de largos análisis que he hecho en mi investigación.

Él tiene 17 años actualmente, nació en Grecia, les comentaré ahora las características peculiares de él.

Debo decir, que todo en él me intriga, no piensa como la gente corriente, no siente como cualquier humano, voy a confesar que me siento fascinada por la complejidad de su personalidad y su mente, todo lo que venga de él es completamente inesperado.

Por ejemplo, al analizar al paciente A noté cierta incapacidad para expresar e identificar las emociones con claridad en su cuerpo. Ojo, no carece de sentimientos, están ahí, sólo tiene dificultad para demostrarlas. Con el tiempo, él se fue encariñando conmigo, lo presiento en sus inusuales acciones, más contacto físico, últimamente me mira a los ojos, no evade las preguntas que le realizo.

Para quienes no lo saben, existe un trastorno llamado alexitimia, es un término amplio para describir los problemas relacionados con las emociones, lo sé. De hecho, este término griego usado en las teorías psicodinámicas freudianas, para mí se traduce vagamente como “sin palabras para la emoción”. Aunque la afección no se conoce bien durante siglos, se estima que 1 de cada 10 personas la tiene.

Les puedo asegurar que la alexitimia no se comprende en su totalidad y existe la posibilidad de que pueda ser genética, pero nunca se sabe. La afección también puede ser resultado de daño cerebral a la ínsula. Esta parte del cerebro se conoce por su función en las habilidades sociales, la empatía y las emociones, algunos estudios relacionan las lesiones a la ínsula con la empatía y la ansiedad.

Este trabajo se lo he dejado a la psicóloga Doctora Diana Evelyn Petrossi, ella es experta en este campo, me ha dicho que adicionalmente, por muchos años, esta afección ha sido observada en personas que han experimentado traumas, especialmente durante el inicio de su infancia. El trauma y el rechazo en esta etapa pueden causar cambios en el cerebro que pueden dificultar sentir e identificar emociones posteriormente en la vida.

El paciente A, me ha contado retazos de su infancia, puedo asegurar que ha vivido situaciones de rechazó, de malestar, entre varios traumas, pero no podemos confirmar nada aún.
Nuestro paciente presenta una dificultad para identificar e interpretar sus emociones, a veces puede sentir mucho, otras hay un vacío que perturba, no comprende lo que siente y se asusta, esto provocó reiteradas veces un ataque de pánico debido a no entender lo que le sucedía, no es propio que explique mucho de esta afección ya que no es mi área, aunque es de esta forma como puedo definir a mi paciente. Tiene problemas para reconocer y expresar sus emociones, en otras palabras, es demasiado brusco cuando quiere expresar amor, cariño, o importancia.

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