Capitulo 19

28 1 9
                                        

Este capítulo va dedicado a esas dos personitas que fueron votando cada capítulo 🖤
Gracias

Para ustedes irá dedicado un especial de Halloween, que estará publicado por 2 semanas solamente, así que aprovechen todos a leerlo.
Disfruten su lectura 🖤🎭

Ese día el hospital Fontana no estaba tranquilo, como un establecimiento de sanidad común tendría que haber enfermeros corriendo con el tiempo pisando sus talones, pacientes llegando uno más grave que otro, los doctores enloquecidos por la carga l...

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Ese día el hospital Fontana no estaba tranquilo, como un establecimiento de sanidad común tendría que haber enfermeros corriendo con el tiempo pisando sus talones, pacientes llegando uno más grave que otro, los doctores enloquecidos por la carga laboral que les tocaba en sus guardias, pero nada de eso ocurrió. El ambiente fue más sombrío que cualquier otro día.

El aparato que medía los pulsos cardíacos llenaba todo el aire de aquella habitación, el sol entraba por la ventana, iluminando a su paso, la mujer en la camilla estaba profundamente dormida, tenía una venda en la cabeza y un respirador conectado a su nariz.

Nathanael Vitale exhaló el humo de su cigarro con tranquilidad, miraba atento el cuerpo estático de Olivia Brown, seguía inhalando la dopamina entre sus labios. El italiano estaba empapado de sangre que no le pertenecía, en sus manos, salpicaduras en su rostro, en la camisa negra que vestía. No había nada que lo fastidiara más que ensuciarse de esa forma.

Le asqueaba el simple hecho de que una gota de ese líquido carmesí manchara la ropa, ya sabía lo que se le vendría después, estaba harto de tener los mismos regaños siempre.

Esa mañana los enfermeros alcanzaron a huir, se encerraron en otras áreas lejos de la zona que era vigilada por fuerzas policíacas, los médicos recibieron la orden de no asomarse a la habitación B-94. Las recepcionistas reconocieron al hombre que entró al hospital escoltado por sus perros de pelea, se quedaron callados dejando de hacer sus deberes. El miedo de verlo caminar tranquilamente fue abrumante para todos por igual, quienes se cruzaban en su camino frenaron lo que estaban haciendo, falsamente se dijeron que si no se movían él nos lo iba a notar, al recibir las primeras órdenes de la boca de ese italiano todos comenzaron a obedecer de inmediato, con prisa retrocedieron, empujándose desesperados.

El hombre insultó en su lengua natal a las personas que le obstruyeron su tiempo en ese lugar. Siguió avanzando y pidió que lo dejarán seguir solo a los dos escoltas que le cuidaban la espalda, ellos como perros fieles asintieron, estos se quedaron parados en el pasillo principal. El jefe subió al ascensor listo para encontrar a todos los agentes que custodiaban el sexto piso del hospital.

Era un área restringida, nadie podía pasar, salvo los doctores correspondientes y las enfermeras.

Fue así como Vitale dejó detrás de sus pasos cuerpos sin vida, sangre, carne y un desastre por los pasillos. Tranquilamente prendió un cigarro entre sus labios, el líquido escarlata le manchó el traje negro que llevaba, se molestó mucho con el último al que le arrancó la mandíbula entera, tuvo que desvestirse hasta quedar solo con la camisa negra que se ceñía en sus hombros. Exhaló el humo gris mientras daba los pasos necesarios para llegar a la habitación.

BASILDonde viven las historias. Descúbrelo ahora