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Meghan

Nueve Años Antes.

―¡Papá! ¡Papi! ―lo sacudo varias veces por los hombros.

Abre lentamente los ojos de su sueño y me mira como si me faltara un tornillo. No le agrada que lo despierte en su horario de siesta de la tarde. Le sonrío levemente a modo de disculpa y me aparto unos pasos de la cama cuando se acomoda para sentarse.

Se frota los ojos y se queda mirando un punto fijo en la pared adaptándose a estar despierto, parece que en cualquier momento va a dormirse otra vez, pero en esa posición.

―¡Papá! ―grito cuando vuelve a cerrar los ojos.

Da un respingo y me mira mal.

―¿Qué pasa ahora, Meghan? ―se frota las sienes irritado por haber sido despertado.

Me mezo de adelante hacia atrás con ayuda de mis pies en un gesto de inocencia. Eso hace que mi padre alce una ceja con duda sobre lo que voy a pedir. Le sonrío de una manera igualmente de inocencia.

―Ya sabes que en unos días cumplo diez años, así que quería preguntarte sobre si podría salir a jugar yo sola...

Se me queda mirando y se levanta pasando por mi lado dejándome sola y con la palabra en el aire. Frunzo el ceño y lo sigo tratando de alcanzarlo a pesar de que sus pasos son más largos que los míos. Se detiene en la cocina empezando a preparar algo para comer. Siempre despierta hambriento después de una siesta.

Me quedo callada en todo momento. Esperando un rincón sobre el cual meterme e insistir mucho más. En el silencio de la cocina noto como se oye su tos. Alzo una ceja.

Será un resfriado.

Me ofrece un pan con mermelada sin decirme nada, solo me extiende la mano con el pan ya preparado. Lo tomo con mis dos manos y le doy un buen mordisco. Mastico, mastico, mastico. Trago finalmente y me siento en un taburete moviendo mis pies de adelante hacia atrás.

Desvía sus ojos hacia mí, curioso.

―¿Qué era lo que querías? ―pregunta antes de morder el pan.

―Salir ―lo miro a los ojos y sonrío para que me de él permiso.

Sacude la cabeza y se recuesta al espaldar de la silla.

―¿Pero por qué? ―me levanto de la silla para acercarme a él.

―Para jugar. Hay muchas cosas que hacer por fuera y también puedo explorar, no puedes decirme que no, ya se acerca mi cumpleaños y...

―¿Con quién? ―me quedo callada.

No lo sé.

No sé si lo que pregunta mi padre es doloroso, solitario o triste. Supongo que es una mezcla de los tres. Frunzo el ceño y arrugo la expresión no sabiendo si dejar de insistir o llorar resignada.

No me voy por ninguna.

―Yo sola...

―¿No te parece triste?

―¿El qué?

―El hecho de que no tengas amigos para jugar porque eres la burla o la renegada de este lugar. Los dos lo somos. ¿Y sabes por qué?

Me tardo unos segundos en sacudir la cabeza solo por pensar en el por qué mi padre me está diciendo estas cosas así de la nada.

―Por culpa de tu madre. Todo esto es culpa de ella ―su expresión es de desprecio cuando habla de ella.

Realeza Encantada #1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora