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James

Pongo mis antebrazos sobre mi frente, cubriéndome el rostro de los golpes que me encesta mi hermano. El pelinegro ha vuelto a su color de cabello negro, ni él ni yo podríamos dejar el blanco. Ambos nos hemos acostumbrado al color que falsificamos.

Luce divertido, y aunque no lo diré en voz alta, también siento lo mismo. Casi no he entablado lazos con Damen. Si con Brooks eran pocos, con Damen eran inexistentes. Cuando yo nací él ya tenía cuarenta y seis años. Demasiado mayor en términos mortales y demasiado joven en términos inmortales. Pero Damen... él tenía esa mentalidad moldeada a algo macabro que lo mantenía alerta todo el rato. Me gusta suponer que fue influenciado por Galia.

Pude no haber sido un adulto en esa época. Pero seguía siendo un ser mágico, mitad Priser y mitad ser mágico. Tuve profesores desde muy joven para reemplazar la ausencia de mis padres. Estos profesores me enseñaban muchas cosas. Una de ella era la manipulación y la capacidad de manejar mentes mortales e inmortales.

Solo era un niño de seis años cuando ya sabía todos los secretos que escondía mi hogar. Vagaba entre las mentes de los sirvientes, de los ayudantes, los profesores y las brujas cercanas a mi madre.

Conseguí que: Damen fue sometido a la "crianza" de Galia. En la que básicamente lo hacían un ignorante, narcisista, técnicamente un joven con ínfulas de Todopoderoso. Galia nunca tuvo esos gestos sobre Brooks y yo.

Esa es la gran brecha entre nosotros tres.

Mi madre le daba atención solo a Damen cuando tenía tiempo libre. Lo mismo que con papá y Brooks. Aunque no era amor ni cariño, ambos obtuvieron atención de un solo padre.

¿Y yo qué?

Olvidado entre libros, enseñanzas, hadas y profesores. Y aun así, no sentí el amor de ninguno, ni la conexión con ninguno. Estaba solo a mi corta edad. Me encontraba llorando en un rincón cada vez que Byron se llevaba a Brooks a algún evento. Cada vez que Galia se llevaba a Damen, incluso de Adulto, a sus salas de entrenamiento.

Encontré años después a alguien que me demostró ese aferramiento en mí. Alguien que me mostró esa atención que tanto quería. A pesar de que años atrás me convencí de que nunca más pediría por atención, me encontré rogando a rodillas qué me dieran al menos un poco.

Sucedió con Linda. Ella estaba dispuesta a entregarme su mundo y lo que implicaba. Estaba dispuesta a entregarme su vida si es que en algún momento su cuerpo decidía querer drenarme de energía. Lo hizo todo porque me amaba. Y yo la amaba a ella. Porque podría vivir sin energía, pero no sin ella.

Ahora tengo a mi hermana. Me da miedo perderla también. Aunque ella no me traicionaría así, no como Linda.

Después de enterarme de su traición sentí mi propio mundo venir abajo. Fue aún más horrible saber que fue con mi propio hermano. Y no cualquiera, sino al que más le tenía estima y apreciaba más de lo que debería.

No podía perdonarla.

No debía perdonarla.

No quiero perdonarla. Quiero perdonarla. No quiero. No. Quiero. No.

Linda siempre fue una mujer muy retraída. Algo tímida y muy fácil de callar. Así que cuando me alteré y dije que no quería escuchar explicación alguna, ella simplemente obedeció. Así como obedeció cuando dije que no la quería ver nunca más.

A mi hermano tampoco lo dejé expresarse. Mi resentimiento hacia él se convirtió en uno tan grande que busqué la manera de alejarme lo más que pude de él por un tiempo para no explotar y excederme con mi hermano. Porque después de todo... es Brooks.

Realeza Encantada #1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora