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Meghan


Las peleas de golpes nunca han sido lo mío. Las peleas con palabras que después me meten en peleas de golpes, sí. Ser contestona me trae problemas, hacerme la heroína me trae problema. Defenderme me trae problemas. Yo soy un problema

Tengo que darle información a la bruja madre y, ahora mismo, no sé nada. Además de que yo soy la maldita reina, y eso, no se lo puedo decir. No sé cuánto poder tenga yo, pero sí sé que ella tiene demasiado, y no quiero probarme contra ella en ningún acto de "valentía".

Los entrenamientos son duros e intensos. No me cabe duda de que, si dejan a Shayla conmigo, definitivamente, me daría una paliza. Y por ahora quiero evitar problemas y peleas innecesarias. Es por eso que agradezco a todo lo existente de que Brooks haya estado dispuesto a enseñarme él. Cada uno estamos en una parte diferente en el bosque, distanciados para evitar choque entre parejas.

Nos detenemos luego de caminar por unos segundos.

—Necesitas controlar la magia. Aprenderás combate físico y mental. Aprenderás a usar la magia hasta lo que puedas. Creemos que la villana vendrá justo después de que caiga la magia de todos los reinos —se desabrocha algunos botones de su camisa y se arremanga hasta los codos las mangas—. Claro, solo al menos que tú o tu hermano no la quiten antes.

Mira el bosque y alza las cejas un poco cuando encuentra lo que estaba buscando. Camina hasta ello y lo agarra en su mano. Es una rama lo bastante gruesa como para causar dolor. Me pregunto qué hará con eso.

—Esquiva —es lo único que dice antes de empinarme un golpe en las costillas con la rama. Me tumba al piso de la embestida repentina y tengo que poner una mano en mi costado para aliviar el dolor que causó eso.

El dolor se extiende por mi costado abarcando parte de mi espalda. Ha sido suerte de que no me haya partido un par de costillas. Aun así, este dolor no se compara con el que sentí ayer en la tarde cuando estaba tirada en cama con fiebre y dolor en todo el cuerpo.

Alzo la mirada para encontrarme con sus ojos y su sonrisa burlona.

—Pudiste ser más suave —reclamo mientras me levanto del piso, aun con mi mano posada en mis costillas, donde he recibido el golpe.

—Pudiste tener más reflejos, te avisé —se encoje de hombros.

Los miro mal, entornando los ojos en su dirección para que sepa mi molestia. Eso solo lo hace sonreír y apretar más fuerte el tronco haciendo que los huesos de su mano se remarquen por la fuerza que usa al apretarlo. Me quito la mano del costado, aunque el dolor aún persiste ahí, palpitando.

—Esquiva —esta vez me da en el muslo más fuerte que el golpe anterior. Lo que me hace caer de nuevo a la tierra. Chasqueo la lengua, frustrada.

—¡Basta! —me quejo. Lo único que hace es sonreír y eso me enoja mucho más. La habitación en la que estoy durmiendo por ahora tiene un armario tan solo lleno de vestidos. No hay nada de pantalones o camisas. No es que odie los vestidos, pero para entrenar, sinceramente, prefiero un conjunto de camisa y pantalón.

—Date la vuelta —pido y obedece sin cuestionar. También le doy la espalda y me inclino un poco para tomar el borde de mi vestido que me llega a los pies y subirlo hasta la altura del muslo, encima de donde ha dejado el golpe. Hay un círculo rojo que cubre bastante parte de mi muslo, ¿Cuál era su problema? Vuelvo a bajar el vestido y me giro hacia él de nuevo.

—Ya puedes voltear —digo.

Se voltea de nuevo y me mira a los ojos, después recorre mi cuerpo de una manera descarada que si no fuese porque es mi... ¿Mi qué? No puedo ponerle un título porque realmente no sé qué somos o que seremos si es que llego a salir viva de todo lo que se avecina. Me da vergüenza preguntarle qué somos y terminar quedando como estúpida. Así que mejor me reservo mi pregunta. Como he reservado la mayoría en toda mi vida.

Realeza Encantada #1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora