Capítulo 35

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Chaeyoung

Mina es una mujer peligrosa con su sensualidad.

No importa si ella se vestía con sus mini faldas, vestidos que cada que se sentaba se le suspendía hacia arriba dejando al descubierto todo su muslo pálido y dejando a la vista el tanga que llevaba puesto. La ropa era lo de menos si ella tenía un poder letal, sabe perfectamente que soy vulnerable durante el celo.

Ha estado seduciendome con el uso de su tono de voz al hablarme, esa voz tan baja, suave y pausada al terminar cada oración. Y su manera de caminar; moviendo sus caderas como si fuese una pequeña gatita.

Entonces empiezo a creer que las vampiresas no son tal cual como solía leer en los libros de romance, en ninguno de esos libros describen cómo es realmente una vampiresa, solo describen que son seres inmortales sin sentimientos que solo les importan usar sus colmillos afilados para finalmente marcar eternamente a su enamorado.

Recuerdo que la primera vez que me llegó el celo y la maldita chupa sangres me dejó ir pero cuando pisé el pasto del bosque me di cuenta que estaba haciendo mal dos cosas: Una, volver a la manada y que se den cuenta de mi cambio de olor que desprendo. Éso llamaría a bastante a las omegas. Dos, mi loba me pedía volver al castillo porque no quería estar lejos de Mina, mi loba empieza a sentir esa necesidad de protegerla. Y me regresé.

Me quedé los cinco días que duró mi celo.

Follamos todos los días sin parar, la sensación...

Era bastante embriagador al escuchar sus gemidos, cómo me maldecía en cada penetrada. Arañaba el mueble, la pared. Jamás creí tener a una vampiresa de décadas de antigüedad sumergida en el deseo de una Alfa. De tenerla tan sumisa a mí. Me encantaba escuchar cómo nuestros cuerpos chocaban y el sonido que hace al chupar mi polla, se lo metía sin problemas. Sin hacer gárgaras, aunque eso ella lo disfruta.

Pero...

Mi celo terminó, creí que solo tendríamos sexo durante esas etapa. Pero ella simplemente me sujetó sorpresivamente de las muñecas y con su otra mano me jaló el cabello hacía atrás y me susurró:

—¿Se divirtió mucho, la Alfita?.

Fue ahí que me llevó hacia una habitación que desconocía, había un montón de objetos de tortura sexuales, una madera en X de color negra que en cada esquina tenía unas manillas de cuero de color roja.

Fue lo primero que llamó mi atención cuando entramos a la habitación y ella empezó a enloquecerse besándome, besaba con desesperación mi cuerpo y mi cuello. Que hasta incluso desgarró la camiseta que traía puesta.

También quería dominarla, lo intenté pero no podía. Sabía perfectamente que no estaba en esa necesidad de dominio y marcarla. Asi que esforzarme no funcionó de nada, jugó e hizo conmigo lo que ella quiera. He incluso me dió unos cuantos latigazos en los muslos mienttas yo estaba en la X. Totalmente amarrada de mis cuatro extremidades, me chupó y me lamió todo mi cuerpo.

Dos días más.

Dos días que ella me folló, hasta incluso llegó a romper su vieja cama que de seguro tiene más siglos que ella por moverse rápido y duro. Mientras que yo cerraba los ojos y no terminar por tercera vez en ella. Pero cuando ella está encima es imposible no contenerme, la maldita chupa sangres sabe cómo montarme, se mueve tan estúpidamente rico. ¿Cómo puedo durar ante esto?.

Sentí la punta de mi polla hincharse dentro de ella, ella ya conocía la sensación de mi punta hinchada a estallar que más se movía. Y cuando por fin termino y dejo todo mi semen en su coño, ella tiene la costumbre de inclinarse y besarme mientras ahora sí se mueve lentamente en pequeño circulos. Y luego sus besos desciende a mi cuello mientras sus largas uñas rosan mi mandíbula.

LAZOS DE SANGREHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora