capítulo 64

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Chaeyoung

Aún sostenía a Mina contra mi pecho, envuelta en el calor denso de mi pelaje. Su cuerpo se había relajado apenas, como si el dolor hubiese cedido de golpe cuando detuve el ritual. Y yo… no podía dejar de temblar.

Mis garras, que hacía solo segundos estuvieron listas para atacar, ahora eran inútiles ante la delicadeza que dormía en sus entrañas.

Mi lobo sentía el latido. Ese pequeño pulso. Nuevo. Suave. Vivo.

Y entonces sucedió. Muy despacio. Mis patas se afinaron. El pelaje se replegó como niebla deshaciéndose al amanecer. Mi respiración se hizo más humana. Mis ojos aún dorados parpadearon mientras las garras desaparecían bajo piel temblorosa.

Me arrodillé sobre el suelo, ya con mis brazos de nuevo humanos rodeando su cuerpo. Una lágrima caliente me recorrió la mejilla. No entendía cómo, ni por qué… pero sabía que ese bebé era nuestro.

—Mina… —susurré, acariciando su cabello— ¿Qué estás haciéndome…?.

La bruja se acercó entonces con cautela, sin apartar sus ojos de mí. Ya no con temor, sino con una seriedad grave que no le había visto antes. Sostuvo sus manos frente a ella como quien se prepara para decir algo que cambiará el curso de todo.

—Lo detuviste justo a tiempo, Chaeyoung —dijo, con voz firme— Si el ritual hubiese continuado, podría haber roto el equilibrio dentro de ella. Ese ser… no es humano. No es vampiro. No es lobo. Es algo que aún no comprendo del todo, pero es fuerte. Su esencia… es pura magia.

Tragué saliva, sin soltar a Mina. Mis brazos la acunaban como si fuera la primera vez. Como si solo ahora entendiera realmente lo que significaba tenerla así. Confiando en mí. Viviendo para mí. Dándome algo que jamás supe que podría desear tanto.

—No sabíamos que estaba embarazada —dije por fin, con la voz quebrada—Ella tampoco lo sabía… la verdad todo esto me toma de sorpresa.

La bruja asintió, agachándose con cuidado. Por primera vez, su gesto fue tierno.

—Ninguna madre lo sabe hasta que su cuerpo grita. Hasta que el alma cambia. Eso fue lo que detuvo el hechizo.

Apreté los dientes, dejando caer la frente contra la de Mina.

—Entonces… ya no podemos volver a como éramos antes —murmuré, más para mí misma que para ella.

—No hasta que la criatura nazca.

Mina


Despertar no era algo que esperaba. O al menos no así.

Todo mi cuerpo dolía como si el ritual me hubiese atravesado por dentro, desgarrando fibras que ni siquiera sabía que existían. Pero el primer contacto que tuve con la realidad fue su calor.

El calor de sus brazos. De su aliento tibio en mi mejilla. De sus dedos acariciando con torpeza, con ternura, con desesperación… como si el simple acto de tocarme fuera un ancla para no derrumbarse.

Abrí los ojos, confundida, con la garganta seca.

—Chaeyoung… —murmuré.

Su respuesta fue inmediata. Me apretó contra ella con una suavidad feroz, como si temiera que si dejaba de sostenerme un solo segundo, podría desaparecer.

—Estoy aquí, amor mío —susurró— Estoy contigo.

La voz ronca, la respiración alterada. Y aun así, sonreía.

Traté de incorporarme, pero mi cuerpo apenas reaccionaba. Sentía un ardor en el pecho y una presión en el vientre… algo extraño. Algo que me hacía sentir llena y a la vez expuesta, como si un secreto estuviera por salir a la luz.

LAZOS DE SANGREHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora