Capítulo ⁵⁵

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Chaeyoung

Siento el poder en mis manos, el poder de acabar finalmente con la hija que hace años atrás asesinaron mis padres

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Siento el poder en mis manos, el poder de acabar finalmente con la hija que hace años atrás asesinaron mis padres. La princesa de ese reino. Claro que lo era, sus padres eran los reyes de todo.

Apreté su garganta con mi mano y la estaca ya amenazaba con clavarle el corazón.

-Si tu plan era matar a los licántropos pues lo lo lograste. Mandaste a uno de tus esclavos para delatarme frente a todos. Lo tenías todo perfectamente planeado ¿No?.- en cada palabra que salía más le apretaba del cuello.

-Yo no mandé a Chaewon a que destuyeran tu pueblo, ella también me delató y me castigaron durante cinco años. Chaeyoung realmente te extrañé, te necesité. Pude sentir a tu lobo estando de luto aunque él sabía perfectamente que yo estaba viva.- Y por primera vez vi que un vampiro lloraba, ¿Eran lágrimas reales?. No importa, se puede esperar lo que sea de estos seres si tienen el poder de seducir entonces tienen el poder de fingir una emoción.

-Eres una mentirosa- gruñí mostrando los dientes- ¿Y entonces porqué te apareces justo ahora? Porqué no lo hiciste antes, tu presencia no me sirve. Llegaste en el momento menos indicado, arruinaste mi boda, asi como arruinaste mi vida.

-Yo no pensé que te ibas a casar, el dolor de la estaca de plata no es comparado al dolor que sentí al estar lejos de tí. De solo saber que ahora encontraste a tu destinada ya estoy hecha pedazos, hice una promesa y la cumpliré. Acaba conmigo y sé feliz con ella. O simplemente dejame ir.

Solté su cuello con brusquedad y ella se doblegó.

Me di la vuelta dandole la espalda, mi lobo quería protegerla, amarla. Pero mi humanidad quería destruirla.

Mi cuerpo regresó a mi forma humana pero eso no significó nada, caminé hacía a ella con la estaca en mi mano.

Tomándola del cuello la acorralé de nuevo y volví a presionarlo en su pecho.

Pero no podía hacerlo, claro que no.

Porque la amo, la amo tanto como la odio.

La ira rugía dentro de mí, tan fuerte que las venas en mi cuello parecían a punto de explotar. Mis garras se extendieron, la rabia me nublaba el juicio, pero algo, algo en lo más profundo de mi ser, me frenaba.

- ¡Maldita sea! -gruñí, mi voz grave y animal. La furia quemaba mi garganta.

Mina estaba ahí, no huía, no temía. Su mirada seguía fija en la mía, desafiante, como si esperara que de verdad la matara. Y esa era la verdad, quería hacerlo. ¡Quería aplastarla! Quería venganza, quería liberarme de toda esta maldita confusión. Quería cobrarlas toda por mi padre y mi madre.

Pero al mismo tiempo, la deseaba. Más que nunca. Más que en todo este tiempo. La necesitaba.

Me lancé hacia ella, como un lobo hambriento, en una furia salvaje. La estaca estaba en mis manos, puntiaguda y lista para atravesar su pecho. Pero cuando estaba a punto de clavársela, algo en mi interior se rompió. En un movimiento frenético, la estaca no se hundió en su carne, sino que la clavé con fuerza en el tronco de un árbol cercano.

LAZOS DE SANGREHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora