Mina
Regresamos a casa, en donde había mandado mi reino con la vieja excusa de los experimentos humanos hacia los lobos.
Cuando regresé todos me miraban con respeto y asombro de mi regreso. Pero también regresar a este lugar me trae recuerdos a cuando me tuvieron encerrada...
Ahora me siento como si verdaderamente estuviera en casa.
La habitació ahora era cálida, con cortinas de lino claro, una manta doblada en la esquina y un ventanal abierto al bosque.
Pero entonces Chaeyoung entró detrás de mí, su mano apretando la mía con suavidad.
—Ya no es lo que era —murmuró ella, como si pudiera leer mis pensamientos— Y ahora, es tu casa.
Asentí, tragando una emoción espesa que no pude poner en palabras. Me acurruqué a su costado, como había estado haciéndolo desde que dejamos la cabaña de la bruja. No podía evitarlo.
La seguía a todas partes, como si mi cuerpo supiera que ahí estaba todo lo que necesitaba. Cuando salía al jardín a entrenar, ahí estaba yo, sentada en la piedra más cercana. Cuando iba a bañarse, yo me quedaba recostada junto a la puerta, abrazando la camiseta que se acaba de quitar.
Incluso en la noche, me aferraba a ella como si se me escapara en sueños.
Mi hambre era extraña. No era deseo de sangre, al menos no como antes. Era algo más… selectivo.
Pero apenas Chaeyoung se pinchó un dedo cortándose con un cuchillo accidentalmente que preparaba para cocinar, el olor me hizo salivar.
—No me mires así —se rió ella esa vez, presionando la herida con una servilleta—Solo fue un pequeño corte.
Pero yo no respondí. Solo me acerqué a lamer el hilillo de sangre antes de que cayera. Ella se quedó quieta, mirándome con algo entre asombro y ternura.
—Entiendo, seguro el bebé necesita de mi sangre...— me miró mientras yo sucionaba la sangre.
No sé cómo explicarlo pero su sangre es dulce para mi paladar.
Después de eso, empezó a alimentarme voluntariamente. Cortes pequeños. Nunca más de una vez por día. Siempre en un ambiente tranquilo, siempre mirándome a los ojos. Había algo ceremonial en eso. Casi… sagrado.
Lo más curioso era que Chaeyoung no solo aceptaba mi cercanía: la fomentaba.
Había comenzado a construir un nido. Literalmente. En la habitación, había apilado mantas, cojines y su ropa. Toda su ropa. Camisas, suéteres, incluso las camisetas que nunca usaba. Me llamó una tarde:
—Ven —me dijo— Quiero que veas algo.
La seguí, como siempre. Entramos al cuarto, y al principio solo pensé que había hecho una limpieza. Pero entonces vi la gran montaña en el centro, desordenada pero curiosamente acogedora. Me quedé en silencio.
—Es para ti —dijo, acariciándose la nuca como si de pronto le diera vergüenza— Bueno… para ustedes.
—¿Nosotras? —pregunté, tocando una de sus sudaderas que todavía olía a ella.
—Sí —susurró— Mi lobo no puede evitarlo. Quiere darte un lugar cómodo. Un espacio seguro. Y también, bueno… —se rió— me gusta tenerte rodeada de mis cosas. Así sé que estás bien.
Al principio lo tomé cómo broma porque no me imaginaba yo siendo una vampiro en un nido que solo los alfas hacen instintivamente cuando su omega está esperando sus cachorros. Pero cuando di unos pasos hacia el.... sentí una seguridad.
ESTÁS LEYENDO
LAZOS DE SANGRE
VampireMina es una mujer vampiro con sed de venganza por matar a sus padres y quitado el "pueblo" de los vampiros. Al ser una mujer indiferente y fría no le importaba nada hasta que se encuentra con Chaeyoung una Alfa que solo protege a su manada. Una hist...
