resiste

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Momo

Continuación...

El castillo entero parecía susurrar secretos, como si supiera que estábamos buscando algo que no debíamos encontrar.

O alguien.

Guiadas por la vibración de la energía de Mina, bajamos escalón tras escalón hacia los pasadizos subterráneos. A cada nivel, el aire se volvía más denso, más frío… más pesado. Como si el castillo quisiera aplastarnos antes de llegar a la verdad.

—¿Estás segura que es por aquí?. —preguntó Sana por quinta vez. Sus botas pisaban con más fuerza, nerviosas.

—Sí —le respondí, deteniéndome frente a una pared de piedra sin puertas visibles. Coloqué mi mano contra el muro y lo sentí latir… como si tuviera un corazón sellado en su interior— Está justo detrás.

Sana se acercó, frunciendo el ceño.

—Esto no es un muro cualquiera.

—No… —dije. Luego apreté los dientes y retrocedí— Es una puerta disfrazada. Usaron hechizos antiguos para sellarla.

Me acerqué, junté energía en mis palmas y solté una descarga oscura contra la piedra.

Solo un leve temblor, como si la pared se burlara de mí.

—¿Te ayudo? —preguntó Sana, lista para invocar su fuego.

—Espera.

Volví a intentarlo. Esta vez, con más fuerza. Grité. Le arrojé una onda de choque directa con mi aura concentrada.

Y lo que obtuve… fue un latigazo mágico que me arrojó varios metros hacia atrás.

No lo vi venir.

Sentí el golpe en el pecho, la magia antigua activarse, y mi cuerpo salió disparado por el pasillo como si hubiera sido pateada por un dragón.

— ¡My baby! —gritó Sana.

Me estrellé contra la pared con un golpe seco. Caí al suelo con fuerza, sintiendo la piedra fría contra mi mejilla. Mi visión se nubló un segundo. El dolor en el hombro me sacó un quejido.

—¡Momo, Momo, Momo! —corrió hacia mí, arrodillándose y tomándome la cara entre las manos— ¿Estás bien?,

—No sé… ¿Dónde están mis mujeres?.

—Ay momoring, solo estoy yo contigo.

Reí sin aire. Ella me sonrió con angustia, pero luego miró la pared con rabia.

—¡Maldita cosa! ¡La voy a patear hasta que se arrepienta de existir!

—No funcionará… —le dije con voz ronca— No es solo piedra. Es magia viva. Está hecha para repeler a cualquiera que intente acercarse. Solo deja pasar a quienes estén permitidos.

—¿Y quién carajos está permitido? —bufó.— ¿¡Yo no estoy permitido!? ¡Dime, maldita puerta!— reclamó Sana a la pared.

—No lo sé… —cerré los ojos, frustrada— Tal vez nadie. Tal vez la encerraron para siempre.

Me llevé las manos a la cabeza. El dolor, la impotencia, la culpa… todo me dolía. Todo.

Estaba a punto de rendirme.

Hasta que sentí su mano, la de Sana, tomando la mía y me vio con esos ojitos de destellos cuando era una humana adorable. Aunque dejó de serlo.

Y entonces… algo cambió.

Fue sutil al principio, una vibración.
Un calor suave que se coló entre nuestros dedos.

Como un latido doble, el de ella. El mío, uniéndose.

LAZOS DE SANGREHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora