Chaeyoung
La mañana transcurría tranquila, con el sonido suave del viento entre los árboles y el canto lejano de algún ave perdida. Mina estaba sentada en el sofá, arropada con una manta que insistí en cubrirle, aunque el clima no fuera tan frío. Mi camisa aún colgaba sobre sus hombros, como parte del nido que, admito, inconscientemente fui construyendo a su alrededor. Una parte de mí no podía evitarlo. No solo era mi pareja… ahora también estaba protegiendo algo mucho más frágil y sagrado: nuestra pequeño hibidro.
—¿Quieres más fresas? —le pregunté desde la cocina, al ver que había vaciado el tazón casi sin que me diera cuenta.
—No, por ahora estoy bien. Aunque… si hay reserva de sangre, podría cambiar de opinión —dijo con esa sonrisita de medio lado que me derretía.
—Voy a buscar. No prometo nada, pero tengo buen olfato.
—Tu olfato encontró esas fresas a siete kilómetros de aquí, así que sí, prométemelo.
—Lo admito, me sorprende cómo es que su vientre ha crecido en tan poco tiempo, tres meses parecen los ochos humanos.
Reí bajo, divertida, mientras me agachaba junto a la despensa improvisada mientras mi lobo me hablaba internamente. Todo este tiempo él a estado conmigo ayudándome con el embarazo de Mina.
<<Solo tengo miedo de cómo nacerá.>>
—Tú tranquila, Mina es una vampiro fuerte que no creo que sienta dolor físico al parir.
Y justo cuando metía medio cuerpo para hurgar entre frascos y cajas, escuché un grito. Un grito agudo. El de Mina.
Mi corazón dio un salto brutal y la loba en mí rugió por dentro. Que al sacar mi cabeza de la despensa me golpeé.
—¡Mina! —grité, el cuerpo respondiendo antes que la mente. Me lancé hacia el pasillo como una flecha, derribando el taburete que estaba cerca y empujando la puerta que daba al recibidor.
La encontré frente a la puerta principal, con las manos cubriéndose la boca y los ojos abiertos como platos… pero sonriendo.
—¡¿Qué… qué pasó?! —jadeé, parándome a su lado, con los latidos golpeando como un tambor en mis oídos.
—¡Sana! ¡Momo! ¡Dahyun! —exclamó, casi sin aire de la emoción— ¡Y los pequeños! ¡Están aquí!.
Me giré hacia la puerta, y ahí estaban.
Sana, de pie con su característica sonrisa dulce y los brazos abiertos. Momo, cruzada de brazos pero con una media sonrisa al vernos. Y Dahyun, la pequeña loba omega que conocía desde que éramos niñas, ahora con el cabello recogido, una expresión entre seria y maternal, rodeada por seis pequeños revoltosos que ya se metían corriendo a la casa como si fuera suya.
—¡Chaeyoung! —gritó Dahyun, sonriendo mientras se acercaba a mí con paso firme. Sus ojos recorrieron mi rostro con atención—Wow, estás más salvaje de lo normal. ¿Todo bien?
—Creí que algo le había pasado —admití, soltando un suspiro largo mientras solo tomaba de la mano para saludarla.
—Me emocioné… —susurró ella, dándome un pequeño codazo en las costillas— ¿Tú no?
—Casi me da un infarto, no sabía que teníamos visitas.
—Te ves más pálida que yo jajaja—rió Momo, empujando a uno de los niños para que no se chocara al marco de la puerta.
—Momo, Sana —dije, finalmente relajando el cuerpo—Qué sorpresa, en serio. No sabía que vendrían.
—Bueno, te habríamos avisado, pero Dahyun insistió en que lo hiciéramos por sorpresa. Dijo que eras demasiado tensa como alfa —dijo Sana, caminando con gracia hacia Mina para abrazarla sin apretarla mucho—Estás preciosa, por cierto.
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LAZOS DE SANGRE
VampireMina es una mujer vampiro con sed de venganza por matar a sus padres y quitado el "pueblo" de los vampiros. Al ser una mujer indiferente y fría no le importaba nada hasta que se encuentra con Chaeyoung una Alfa que solo protege a su manada. Una hist...
