24 lunas llena sin tí

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Chaeyoung

Nunca pensé que volver a la ciudad pudiera sentirse tan... vacío.

Jiwoo estaba emocionada. Lo noté desde el momento en que me mandó ese mensaje temprano por la mañana diciendo que tenía todo planeado, que hoy sería un "día solo para nosotras". Usó ese tono dulce que ella siempre tiene conmigo, el mismo que a veces me reconforta... y otras veces, simplemente me abruma.

Acepté la invitación porque me pareció justo. No quería seguir encerrada en mi casa, en el bosque, sumida en los recuerdos, oliendo aún las prendas viejas que guardan el aroma de ella. Porque sí... ha pasado dos años, pero mi lobo aún la espera. Aún la busca entre el viento.

El primer lugar que visitamos fue una cafetería en el centro. De esas con terraza y sillas de hierro forjado pintadas de blanco, con una vista directa al parque. Jiwoo pidió un capuchino con crema de avellanas. Yo solo pedí un té, sin azúcar. Me preguntó si quería probar su bebida, sonrió con espuma en los labios, y me acercó su taza.

Y mientras estabamos disfrutando del café un par de jóvenes estudiantes se nos aceraron para ofrecernos unas rosas como ayuda para el colegio en el que estan.

Vi las rosas y me recordó a ella, "generalmente los humanos lo hacen" <<dar rosas a la persona que le importas>>. Sonreí inconscientemente y tomé una rosa pero mi intención no fue dárselas a Jiwoo, simplemente las tomé dejándolas sobre la mesa.

-¿Estás bien?- preguntó Jiwoo, y solo pude asentir mientras forzaba una sonrisa y apartaba la mirada hacia el parque.

-Cierto, es tuya.- refiriéndome a la rosa.

Jiwoo no lo sabe, pero en esa terraza, yo no estaba presente.

Estaba con Mina, riendo en otra mesa, besando esos labios fríos que me sabían a hogar, sintiendo su mano descansar en mi pierna o escuchando su delicada risa.

...

Después fuimos a una galería de arte. Jiwoo sabía que me gusta pintar, que los colores me calman cuando la sangre me arde en los músculos. Caminamos entre cuadros modernos, abstracciones, luces neón y esculturas que no sabría interpretar ni aunque mi vida dependiera de ello.

Pero entonces, entre las salas iluminadas con tenues focos cálidos, vi un lienzo enorme.

Era todo negro, salvo por una línea blanca al centro, una pincelada que parecía partir el universo en dos.

Me detuve ahí, sin poder evitarlo. Porque esa imagen... esa ruptura en la oscuridad... se sentía como yo.

Como si fuera mi pecho abierto desde que Mina se fue. Como si esa línea fuera el borde entre seguir adelante o volver a caer. No sé cuánto tiempo estuve parada frente al cuadro. Solo supe que el lobo dentro de mí aulló. Aulló bajito, pero fue real. Su tristeza se hizo la mía. Su vacío, el mío también.

Jiwoo tomó mi mano. Me sonrió. Me dijo que el artista era francés, que la línea representaba esperanza.

No tuve corazón para decirle que, para mí, representaba todo lo contrario.

...

Almorzamos en un restaurante de comida tailandesa. 'Spicy noodles'. Me hizo probarlos y me reí por el ardor en la lengua. Me limpié con la manga como siempre hago y Jiwoo soltó una carcajada suave, de esas que calientan el pecho si les das permiso. Me dijo que soy un desastre adorable.

Y por un segundo, solo un segundo... me vi besándola.

Pero entonces mi lobo retrocedió. Gritó.

Porque yo no debía besar a nadie más.

LAZOS DE SANGREHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora