Capítulo 106

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POV: Taehyung

Después de mi pequeño —y perfectamente justificado— comentario sarcástico, la señorita sonrisa perfecta parecía decidida a marcar su territorio. No podía creer que alguien pudiera reír tanto por cosas tan estúpidas.

Cuando trajeron el postre, la chica se levantó un poco para "accidentalmente" dejar caer su servilleta justo al lado de Jungkook. Y claro, se agachó con esa pose ensayada que parecía sacada de un comercial de perfume.

— ¡Uy! — dijo con un tonito que me hizo rodar los ojos. — Qué torpe soy.

Jungkook solo sonrió con cortesía, pero yo ya tenía las manos hechas puños bajo la mesa.

— Qué curioso... yo pensé que los reflejos de una modelo eran mejores. — solté con una sonrisa falsa.

Ella me miró y parpadeó, confundida.

— ¿Modelo? Oh, no, soy representante de marketing.

— Ah, disculpa, con tanto esfuerzo en la postura y la sonrisa pensé que estabas practicando para la portada de Vogue. — solté sin filtros.

Jungkook soltó una pequeña carcajada, bajando la cabeza como si intentara disimular, mientras Seol daba golpecitos con su cuchara contra su vaso.

— Papá Taehyung, ¿estás celoso? — preguntó Seol con la boca llena de pastel, completamente inocente pero letal con su sinceridad.

— ¡¿Qué?! — me atraganté con un trozo de pastel. — ¡Claro que no!

Jungkook levantó una ceja, divertido, y la señorita sonrisa perfecta se acomodó el cabello, seguramente pensando en su siguiente jugada, pero ya no tenía espacio. El ambiente se llenó de esas miradas incómodas, hasta que Jungkook se puso de pie.

— Bien, creo que es hora de irnos. Seol, ponte la chaqueta, hace frío afuera.

Me levanté también, aliviado de que la situación terminara, aunque por dentro seguía quemándome como una estufa vieja.

La chica intentó despedirse dulcemente:

— Jungkook-ssi, fue un placer compartir contigo. Espero verte pronto.

Antes de que él pudiera responder, me adelanté y tomé la mano de Seol.

— Vamos, hijo, papá Jungkook ya tiene suficientes admiradoras en la oficina. No vaya a ser que tenga que pedir hora para hablar con él. — dije con una sonrisa bien cínica.

Jungkook me miró de reojo mientras caminábamos al auto, y justo cuando íbamos subiendo, sentí su mano en mi cintura, acercándose un poco a mi oído.

— Quédate tranquilo, Tae — susurró. — No hay nadie más, solo tú.

Mi corazón, traidor, dio un pequeño salto.

POV: Seol

Desde el asiento trasero observaba cómo papá Jungkook abría la puerta del copiloto para Taehyung, que claramente seguía haciéndose el ofendido... pero yo conocía esa cara: era puro teatro. Papá Jungkook estaba ganando puntos.

Mientras el auto avanzaba, me acurruqué en mi asiento pensando en lo tontos que eran los adultos. Si ya se querían, ¿por qué se complicaban tanto?

POV: Taehyung

Cuando llegamos a la mansión, Seol bajó corriendo hacia el sofá mientras yo caminaba más lento, con los brazos cruzados, fingiendo que todavía estaba molesto. Pero Jungkook, como siempre, me conocía demasiado bien.

— ¿Quieres que prepare chocolate caliente? — preguntó, colgando su abrigo.

— No es necesario. — murmuré, aunque mi estómago traidor rugió justo después.

Él rió bajito, acercándose para dejar un beso fugaz en mi mejilla.

— Lo haré igual, por si acaso. — susurró, caminando hacia la cocina mientras yo me quedaba quieto, sintiendo que mi orgullo se derretía más rápido que la nieve en primavera.

(...)

POV: Taehyung

La noche había caído sobre la mansión con ese silencio cómodo que solo aparece cuando Seol ya está dormido, y uno se queda atrapado en sus pensamientos. Estaba en la sala, arropado con una manta, viendo la televisión en mute, más pendiente del sonido de la cafetera que Jungkook había encendido que de cualquier imagen en la pantalla.

Poco después, lo vi aparecer con dos tazas de chocolate caliente en las manos. Sin decir una palabra, se sentó a mi lado y me ofreció una.

— Lo hice con malvaviscos, como te gusta. — dijo, con esa voz baja y suave que me desarmaba poco a poco.

Tomé la taza, evitando mirarlo directo. No quería darle el gusto de notar cómo sus pequeños gestos seguían derrumbando mis defensas.

— Gracias. — murmuré.

Nos quedamos en silencio, solo el reloj y nuestras respiraciones llenaban el espacio. Jungkook fue el primero en romperlo.

— Me di cuenta hoy, en el restaurante... — comenzó, dándole vueltas a su taza. — Que no importa cuántas veces intentes esconderlo, tus celos siempre hablan por ti.

— ¡No estaba celoso! — repliqué demasiado rápido, traicionándome solo.

Él sonrió, como si hubiera ganado una batalla silenciosa.

— Claro que sí estabas. — se acercó un poco más, sus rodillas rozando las mías. — Y me gustó.

Le lancé una mirada de advertencia, pero no pude evitar que mis mejillas se encendieran. Jungkook dejó su taza sobre la mesa y se acercó aún más, inclinándose, obligándome a levantar la vista.

— Tae, sé que aún te duele todo lo que pasó. Y juro que no espero que confíes en mí de la noche a la mañana... pero quiero que sepas que no me pienso rendir. Aunque me hagas sufrir, aunque me sigas sacando en cara lo que hice mal... Voy a demostrarte todos los días que te amo, y que no hay nadie más que tú.

Sus palabras me dejaron sin aliento, pero mi corazón, testarudo, latía fuerte contra mi pecho.

— No quiero volver a salir herido, Jungkook. — confesé, en un susurro apenas audible.

Él tomó mi mano, acariciando mis nudillos con los labios antes de levantar la mirada hacia mí.

— Esta vez, voy a protegerte. A ti... y a Seol. No pienso fallarte de nuevo. — susurró, dejando pequeños besos en mi mano.

Me mordí el labio, conteniendo esa parte de mí que solo quería saltar a sus brazos. Cerré los ojos, respirando hondo.

— Lo pensaré... — dije al fin.

— No te pido más que eso. — respondió él, dejando un beso en mi frente, tan cálido que por un momento creí que todo el frío de mis miedos comenzaba a derretirse.

Esa noche no dijimos más, pero cuando subimos las escaleras juntos para ver si Seol dormía bien, sentí sus dedos rozar los míos, buscando ese pequeño contacto que me recordaba que aún no había soltado la cuerda.

Y, por primera vez en mucho tiempo, no la solté tampoco.

Señor JeonHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora