52||ATARDECER

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A C T U A L I D A D
L E V I

El mar luce tranquilo, pero las olas no dejan de golpear la orilla. Como yo. Enfrentando la marea de mis propios recuerdos, sin saber qué me espera en el horizonte, solo sabiendo que debo que seguir adelante.

Porque mi viaje está a punto de llegar a su fin.

El sol brilla con una luz cálida y suave, proyectando sombras largas sobre el agua. El cielo es de un azul claro, con solo unas pocas nubes blancas y esponjosas que flotan perezosamente.

Para hoy al medio día, Falco y yo ya podemos visualizar el territorio de los Azumabito. Aquel sitio donde Hange escogió su tumba ese día.

Hemos llegado a Odiha.

Y con ese nombre, un recuerdo amargo viene a mi mente.

— Tu amor por los titanes sigue sin ser correspondido, cuatro ojos —Recuerdo haberle dicho.

Pieck la había rechazado para que Hange pudiera subirse a su espalda.

— Pronto seremos amigas —Me respondió entusiasta. Ambos nos quedamos en silencio unos segundos—. Oye, Levi... ¿Crees que nos observen? ¿Nuestros compañeros..., estarán orgullosos de nosotros?

— Ya empiezas a hablar como él —admití recordando a Erwin.

— Iré a ver a los chicos —informó cambiando el tema. Luego se retiró al hangar.

No la acompañé y deseé haberlo hecho. Porque en ese breve momento que estuvimos separados, ella tomaría una dura y cruda decisión. Una decisión que ya no pude cambiar.

El retumbar casi nos había alcanzado. El barco volador todavía no estaba listo para partir. Floch disparó hacia el tanque de combustible y ahora los ingenieros Azumabito estaban tratando de arreglarlo.

Armin y Reiner estaban debatiendo sobre cuál de ellos iba a quedarse a frenar a los colosales.

Hange se ofreció para quedarse.

Observé su despedida hacia mi escuadrón desde la distancia. Ella nombró a Armin como su sucesor y luego les dijo adiós a todos.

Después, avanzo hacia mí.

Con prisa y determinación.

Equipada con varias lanzas relámpago.

Sin miedo en los ojos.

— Eh, cuatro ojos —Era la última vez que iba a escuchar de mis labios pronunciar su apodo.

Aquel que inició nuestra amistad hace mucho tiempo.

— Entiéndelo, Levi —dijo quedándose de pie a mi lado—. Por fin llegó mi momento.

No pude decir nada. Sabía que ella había pasado por mucho toda su vida. Un arduo camino para llegar justo a ese momento.

— Quiero morir como una heroína. Por favor, permite que me vaya. —A partir de ese momento, ambos tomamos caminos separados.

Ella tenía de frente al retumbar y yo tenía la vista puesta en sentido contrario. Hacia el hangar. Hacia el barco volador.

𝐅𝐢𝐧𝐝 𝐲𝐨𝐮 𝐚𝐭 𝐒𝐮𝐧𝐬𝐞𝐭 |𝐋𝐞𝐯𝐢 𝐀𝐜𝐤𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora