XXII

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Tom

La obsesión de Tom por acumular ciertos objetos antiguos, particularmente el guardapelo de su madre, lo había envuelto como una densa niebla. En su mente, cada reliquia era una pieza vital en el complejo rompecabezas de su destino, eclipsando casi por completo la sutil pero persistente preocupación de Harry. Tan absorto estaba en su búsqueda, en la inminencia de un gran hallazgo, que apenas percibía la creciente distancia en la mirada de Harry, la forma en que el silencio entre ellos se había vuelto pesado, cargado de una desatención que corroía los cimientos de su relación. Tom no se daba cuenta del daño que su indiferencia causaba, su visión limitada por el brillo de sus ambiciones.

Tenía grandes esperanzas depositadas en Malfoy, una certeza casi arrogante de que el joven aristócrata, impulsado por su propio sentido de importancia cumpliría su tarea. La espera, aunque breve, se sentía insoportable, cada minuto una tortura en su febril anticipación. Por ello, cuando la lechuza de Malfoy finalmente apareció en la ventana, portando el mensaje tan anhelado, Tom ni siquiera se detuvo a ofrecer una explicación a Harry. Simplemente se levantó de golpe, la silla raspando el suelo con un estruendo, y se dirigió a la puerta con una urgencia que no permitía preguntas, dejando atrás la preocupación silenciosa de su novio.

Llegó rápidamente a la majestuosa Mansión Malfoy, un imponente monumento de piedra oscura y elegancia gélida, envuelto en la penumbra de la tarde. Allí, fue recibido por Abraxas, cuyo semblante, a pesar de su habitual frialdad, revelaba un atisbo de complacencia apenas disimulada. Ambos se dirigieron a un pequeño salón privado, cuyas paredes tapizadas y pesadas cortinas ahogaban cualquier sonido externo. El aire era denso con el aroma a incienso y magia antigua, el tipo de atmósfera que Tom encontraba embriagadora. El joven Malfoy, con un ligero aire de triunfo en sus ojos pálidos, se reclinó en un sillón de terciopelo verde y le entregó las noticias a Tom:

—Estarás complacido al saber que encontré a Hepzibah Smith. Aquí tienes su dirección -le dijo Abraxas, extendiendo un pequeño pergamino enrollado con un lazo de seda oscura. Una sonrisa calculada se dibujó en sus labios-. Vive en una discreta mansión, atendida solo por su leal elfa doméstica, Hokey. Y, como sabes, su reputación como coleccionista de objetos raros y excepcionales es bien merecida. Posee una fortuna considerable y una fascinación por lo... inusual.

Una sonrisa lenta y maliciosa se extendió por el rostro de Tom, la misma que en su propia línea temporal había helado la sangre de muchos. La dirección de Hepzibah Smith era la última pieza que necesitaba. Ahora, no había nada que se interpusiera entre él y el guardapelo de su madre, el relicario que consideraba suyo por derecho de sangre y destino. Su mente ya estaba trazando los intrincados planes.

—En cuanto a lo otro que me solicitaste —continuó Malfoy, su voz tornándose repentinamente grave, sus ojos fijos en Tom con una seriedad que disipó cualquier rastro de la inicial complacencia-. Fui a Durmstrang tal y cómo me pediste. Hice las averiguaciones más discretas, sondeando tanto en los archivos como entre el personal antiguo y los alumnos mayores. No tienen registro de que Harry Evans fuera estudiante en el colegio; y pregunté si alguien conocía a un joven con las características físicas de Evans, por si se había cambiado el nombre como me recomendaste, pero ni estudiantes ni maestros recordaban haber visto o conocido a un chico con esas particularidades. Fue como si nunca hubiera existido allí.

Tom permaneció en silencio, la noticia, aunque no del todo inesperada, resonando en el profundo pozo de sus sospechas. Había tenido un presentimiento, una punzada de incredulidad cada vez que Harry hablaba de su pasado. No le sorprendía el resultado, pero la confirmación lo impulsaba a una nueva fase de sus planes. Ciertamente, esperaba que Harry hubiera asistido a Durmstrang. Esto significaba que la verdad de Harry era aún más profunda y compleja de lo que había imaginado.

Un Pasado InciertoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora