Harry
El amanecer pintó el cielo de Londres con tonos naranjas y rosados mientras Harry caminaba hacia el Ministerio de Magia. Había estado ahí antes, pero siempre lo vería como la primera vez. Observó la Fuente de los Hermanos Mágicos, se alzaba como un símbolo de poder y misterio. Harry ajustó su túnica de aprendiz de Auror, un uniforme que aún le resultaba extraño pero lleno de significado.
El bullicio del Ministerio lo envolvió: magos y brujas apresurados, pergaminos volando, el sonido de hechizos y encantamientos resonando en los pasillos. Se dirigió a la sala de entrenamiento, un espacio amplio y luminoso donde los aprendices de Auror se preparaban para enfrentar las amenazas del mundo mágico.
El instructor Savage, un hombre de complexión robusta y mirada penetrante, les esperaba con los brazos cruzados.
—¡Buenos días, reclutas! Hoy aprenderán el arte del combate defensivo, la base de todo Auror—tronó su voz, haciendo eco en la sala. El entrenamiento comenzó con ejercicios de calentamiento, movimientos ágiles y precisos para esquivar hechizos y lanzar contrahechizos.
Luego, Savage les enseñó los fundamentos de la defensa contra las Artes Oscuras, hechizos protectores y contrahechizos avanzados. Harry se concentró, recordando las lecciones de sus años en Hogwarts, pero el entrenamiento de Auror era mucho más exigente. Los hechizos simulados de Savage eran rápidos y poderosos, obligándolo a reaccionar en fracciones de segundo.
El sudor empapaba su túnica, sus músculos ardían, pero Harry no se rindió. Cada hechizo bloqueado, cada contrahechizo exitoso, le llenaba de una sensación de logro. Al final del día, estaba agotado, pero una sonrisa de satisfacción iluminaba su rostro.
Habían pasado cuatro meses desde que se graduaron de Hogwarts, y aún no se acostumbraba al entrenamiento. Cada día era más pesado que el otro, pero un entusiasmo siempre le recorría el cuerpo con cierto vigor, y lo hacía disfrutar de cada momento.
Al regresar a casa, encontró a Tom en la sala de estar, leyendo un libro antiguo a la luz de la chimenea.
—Llegas tarde—dijo Tom, levantando la vista con una sonrisa.
—El entrenamiento fue intenso—respondió Harry, dejándose caer en el sofá—. Savage es un instructor exigente, pero estoy aprendiendo mucho.
Tom dejó su libro y se acercó, ofreciéndole una taza de té de hierbas.
—Cuéntame sobre tu día—dijo con voz suave. A Harry le encantaba esta nueva rutina. Llegar a casa, donde Tom lo esperaba. Se sentía tan cálido que a veces no quería marcharse.
Harry le relató cada detalle del entrenamiento, los hechizos, los movimientos, la sensación de adrenalina al enfrentarse a los hechizos simulados. Parecía un niño entusiasmado por Navidad.
Tom le escuchó con atención, sus ojos brillando con una mezcla de orgullo y preocupación.
—Sabes que me preocupo por ti, ¿verdad? Es un trabajo peligroso—dijo Tom, cabizbajo.
Harry asintió, tomando la mano de Tom.
—Lo sé, pero es lo que quiero hacer.
Tom apretó su mano, su mirada llena de cariño y admiración.
—Está bien, Harry. Solo ten cuidado.
Harry sonrió, agradecido por su apoyo. A veces no podía evitar olvidar el propósito de su viaje al pasado; para él, Tom ya no era el Lord Voldemort que Harry conocía, sino un hombre compasivo y leal, su compañero y confidente.
—Gracias, Tom. No sé qué haría sin ti—dijo Harry, apoyando la cabeza en su hombro. El calor de su cuerpo le reconfortó, disipando el cansancio.
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Un Pasado Incierto
FanficTras la devastadora Batalla de Hogwarts, Harry Potter solo desea una cosa: evitar todas las muertes. Encuentra un Giratiempo y una carta de Dumbledore con el "Plan B", impulsándolo a viajar al pasado para desmantelar el ascenso de Lord Voldemort. Ha...
