Harry
La oficina de Harry en Hogwarts estaba ubicada en la antigua torre de instrucción de vuelo, con ventanas arqueadas que ofrecían una vista inigualable del campo de Quidditch. El espacio era caótico pero acogedor: fotos de viejos equipos de Quidditch, un par de escobas perfectamente pulidas y una chimenea que nunca ardía lo suficiente para contentar a su ocupante.
Harry Riddle, ahora de cuarenta años, con algunas líneas de expresión alrededor de los ojos verdes que le daban un aire de sabiduría, estaba corrigiendo un ensayo sobre maniobras de Wronski Feint cuando la puerta se abrió de golpe sin previo aviso.
Tom Riddle entró en la oficina. A diferencia de su marido, Tom no había cambiado mucho: su elegancia era atemporal, con el cabello negro impecable y la túnica de profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras cayendo con una fluidez perfecta. Sin embargo, su porte usualmente imperturbable estaba teñido de una prisa inusual.
—Harry —jadeó Tom, cerrando la puerta con un golpe seco. Caminó directamente hacia el escritorio. —Necesitas ver esto.
Harry dejó caer su pluma, sintiendo un escalofrío en la espalda. Después de años de paz, la prisa de Tom solo podía significar una cosa.
—¿Qué ocurre? ¿El Giratiempo? —preguntó Harry, tocando inconscientemente el discreto anillo en su dedo.
—No. Nuestro ancla mágica sigue firme. Es algo... inminente. Acabo de revisar la lista de primer año con Minerva.
Tom deslizó un pergamino sobre el escritorio, sus ojos oscuros llenos de una tensión contenida y expectación. Harry tomó el pergamino, sus ojos siguiendo la lista de nuevos estudiantes. Su respiración se detuvo.
Dos nombres estaban listos para ingresar a Hogwarts ese año:
Evans, Lily.
Potter, James.
Harry sintió una oleada de emociones tan intensas que casi lo desestabilizaron: el terror de la paradoja, la alegría del encuentro y la extraña ironía de la vida. Había llegado el día que Dumbledore y Tom habían temido y anticipado.
—Son ellos. James... el hijo de Fleamont y Euphemia. Y Lily Evans. Mis padres —murmuró Harry, el pergamino temblando en sus manos.
—Lo sé —dijo Tom, inclinándose sobre el escritorio. Su voz era un susurro grave, cargado de emoción. —El Giratiempo no está fallando. No te has desvanecido. El tiempo, de hecho, se ha reescrito a nuestro favor.
Harry levantó la mirada, sus ojos verdes llenos de una mezcla de emoción y una preocupación profesional.
—Tenemos que ser muy cuidadosos, Tom. No podemos interferir. Debemos observarlos desde lejos y evitar cualquier contacto directo. No podemos poner en riesgo el futuro, ni el destino.
Tom sonrió, su expresión volviéndose suave y profunda. Se acercó a Harry, lo rodeó y lo abrazó por detrás, besando la coronilla de su cabello. Su voz resonó en el silencio de la oficina.
—Tienes razón, debemos ser cuidadosos. Pero, mi querido esposo, ¿recuerdas lo que me dijiste hace años? Que vivamos el momento. No tuviste la oportunidad de conocer a tus padres, Harry. Ellos no te conocen como el Elegido. Te conocen como el Profesor Riddle, árbitro de Quidditch.
Tom deslizó su mano sobre la de Harry, asegurando el anillo de boda.
—Aprovecha esto. No desaparecerás. El destino te ha dado una segunda oportunidad para ver a James Potter y a Lily Evans vivos, felices e iniciando su vida en el castillo que tú salvaste.
Harry dejó salir un suspiro tembloroso, la tensión abandonando su cuerpo al sentir la seguridad de Tom. La idea de ver a sus padres por primera vez, no como fantasmas o reflejos, sino como adolescentes llenos de vida en Hogwarts, era un regalo que no se atrevía a rechazar.
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Un Pasado Incierto
FanfictionTras la devastadora Batalla de Hogwarts, Harry Potter solo desea una cosa: evitar todas las muertes. Encuentra un Giratiempo y una carta de Dumbledore con el "Plan B", impulsándolo a viajar al pasado para desmantelar el ascenso de Lord Voldemort. Ha...
