Tom
No se había vuelto a topar con Harry desde aquel encuentro electrizante en el aula de Hogwarts. Un encuentro que lo había dejado descolocado y furioso consigo mismo. Tom no dejaba de reprenderse por la advertencia que le había dado, la imagen de sí mismo prácticamente suplicándole a Harry que se quedara en Hogwarts para que estuviera a salvo era una debilidad que lo carcomía.
Pero ahora, a medida que el círculo de sus seguidores, los Mortífagos, comenzaba a crecer y consolidarse, la idea de que Harry se mantuviera alejado de la guerra que se avecinaba no le parecía tan descabellada, aunque una voz cínica en su interior le recordaba que aquello era imposible. Harry, el Auror, nunca se mantendría al margen.
Conforme pasaban los días en la penumbra de su mansión, más Mortífagos se unían a su causa, todos con la misma sed de poder y los ideales que Tom buscaba en sus seguidores. Le emocionaba de una manera visceral ver cómo sus planes comenzaban a tomar forma, una red de poder tejiéndose en las sombras. La sensación de ser el titiritero, controlando los hilos del destino del mundo mágico, era embriagadora. Se sentía tan cerca, tan peligrosamente cerca de su objetivo de revolucionar el mundo mágico.
Un día como cualquier otro, con el pesado aire del salón lleno del aroma a pergamino y magia oscura, Tom y sus tres seguidores más cercanos—Nott, Malfoy y Black— estaban reunidos en la imponente sala principal de la mansión. De repente, la puerta se abrió con un estruendo, revelando a Avery, quien entró con una sonrisa triunfal y arrogante, su rostro una máscara de presunción.
—Mi Señor —dijo Avery, con una leve inclinación que carecía de verdadero respeto—. Es un honor estar en su presencia. Deseo unirme a su causa, siempre le he sido leal. De hecho, vengo a darle una excelente noticia: he derrotado a uno de los Aurores que más problemas les había causado a sus filas.
Un frío escalofrío recorrió la espalda de Tom, a pesar del calor de la chimenea. Su corazón, que por lo general se mantenía en un ritmo constante y sereno, comenzó a latir con una fuerza inusual, un tambor de pavor. No pudo evitarlo: comenzó a sudar frío, temiendo la respuesta, temiendo que Avery pronunciara el único nombre que le importaba.
—Avery, bienvenido —profirió Malfoy, con un cierto desdén apenas perceptible en su voz, como si la ostentación de Avery le resultara vulgar—. ¿Podemos saber el nombre de ese Auror?
Tom casi le agradece a Malfoy por hacer aquella pregunta. No quería, bajo ninguna circunstancia, verse tan desesperado o preocupado ante su nuevo seguidor.
—Un joven llamado Boot —respondió Avery, encogiéndose de hombros con una indiferencia que Tom encontró ofensiva.
El alivio inundó a Tom, una ola tan potente que tuvo que controlarse para no soltar un suspiro audible. Aunque su rostro se mantuvo imperturbable, una máscara de frialdad y poder, su ritmo cardíaco pareció regresar a la normalidad.
—Avery, sabía que algún día vendrías —dijo Tom, con una sonrisa perfectamente calculada, desprovista de emoción, que no alcanzaba sus ojos. —Eres más que bienvenido en nuestras filas.
Aunque en el fondo, Tom no quería tener a Avery. Sabía que era un mago talentoso, sí, y que sería un excelente Mortífago, pero su insolencia y arrogancia chocaban con el orden que Tom deseaba imponer.
—Le agradezco, mi Señor —respondió Avery, con una sonrisa siniestra que le llegaba a los ojos. —Sin embargo, le tengo otra noticia un poco más desagradable para nuestra causa. Tengo una fuente muy fiable que me ha informado que cierto Auror es todavía más peligroso para nosotros. Harry Evans y Albus Dumbledore son una amenaza real. Recomiendo eliminarlos lo más pronto posible. Ambos se están organizando con otros que se hacen llamar "La Orden del Fénix" para detenerlo, mi Señor.
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Un Pasado Incierto
Fiksi PenggemarTras la devastadora Batalla de Hogwarts, Harry Potter solo desea una cosa: evitar todas las muertes. Encuentra un Giratiempo y una carta de Dumbledore con el "Plan B", impulsándolo a viajar al pasado para desmantelar el ascenso de Lord Voldemort. Ha...
