XXIX

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Harry

Se reunirían en la mansión Potter, un lugar majestuoso pero que, por el momento, funcionaba como un terreno neutral. Como Fleamont no formaba parte de la Orden del Fénix, lo consideraban un lugar seguro para la delicada reunión. Harry estaba entusiasmado por reencontrarse con Spinnet y Robinson. Sentía que había pasado una eternidad desde la última vez que los vio.

—¡Harry Evans! —dijo Spinnet, su voz era un grito alegre, mientras abrazaba a Harry y le regalaba una sonrisa de oreja a oreja. —Hace años que no te veo.

—Hola, Harry —le dijo Robinson, su voz era más suave, mientras lo abrazaba de igual manera. Harry estaba feliz de volver a reunirse con sus amigos que, por un momento, olvidó la seriedad del asunto.

—Entonces, ¿Riddle entró en razón? —dijo Spinnet, cruzándose de brazos, su tono era más serio. Harry sonrió incómodo.

Eran pocos los que sabían que Tom era Lord Voldemort. El joven había hecho un excelente trabajo al evitar que se relacionara el nombre de Tom Riddle con el de Voldemort. Solo algunos de sus seguidores sabían su nombre, pero era algo que solucionarían en aquella reunión.

—Yo diría que se dio cuenta que con sus acciones ponía en riesgo a Harry —dijo Fleamont, uniéndose a la conversación, una mirada de orgullo en su rostro.

—Así que, le debemos esta paz a Harry —dijo Spinnet, dándole pequeños codazos a Harry. Este se sonrojó hasta las orejas, sintiendo el calor en sus mejillas.

—No molesten al pobre —dijo Robinson, intentando contener una sonrisa.

Harry había olvidado lo burlones que podían ser esos tres juntos. Pero, una calidez inundó su pecho. Pensaba que si todo salía bien, aquellos momentos se repetirían y los podría compartir con Tom.

Fleamont los condujo hasta una acogedora sala de estar. Un lugar lleno de libros, con una gran chimenea y varios sillones. Dumbledore los esperaba, absorto en los libros del estante. Pero en cuanto los vio entrar, saludó afectuosamente a los recién llegados.

—Ahora solo faltan los paliduchos —dijo Spinnet, sentándose en un sillón orejero.

Bastaron unos segundos para que los mencionados llegaran. Los ruidos de la puerta abriéndose hicieron que la atmósfera se volviera más densa, cargada de una expectación nerviosa. Fleamont fue a recibirlos rápidamente, su sonrisa cordial era una máscara para la tensa situación. Harry comenzaba a sentirse ansioso por la anticipación; deseaba ver a Tom, pero no podía negar que la situación era delicada y que todo podría irse al traste en un segundo.

—Por favor, pasen. Siéntanse como en su casa —dijo Fleamont, la voz era suave, pero su tono denotaba un nerviosismo que no podía ocultar.

Tom, Nott, Malfoy y Black entraron. Los cuatro, con sus túnicas oscuras y sus rostros pálidos, observaron a los demás invitados. Harry y Tom, en un acto de desafío silencioso, intercambiaron miradas alegres y llenas de complicidad.

—Lamentamos la tardanza, caballeros —dijo Tom, tomando su lugar a un lado de Harry.

Miradas agudas y llenas de desconfianza fueron dirigidas por Spinnet y Robinson a los Mortífagos presentes. No era necesario que dijeran nada, la hostilidad en sus ojos era palpable.

—¿Les apetece algo de beber? —preguntó Fleamont, su voz intentando, sin éxito, aliviar la tensión.

—Creo que no será necesario, señor Potter —dijo Dumbledore, su voz era un susurro tranquilo. —El tiempo apremia y deberíamos comenzar a planear lo que...

—Un momento, profesor —dijo Spinnet, interrumpiéndolo. La tensión en su voz era palpable. —Antes quisiera saber qué tanto podemos confiar en ellos. Sabemos que Nott fue espía de Harry; y, por fortuna, Riddle prefiere estar con Harry que ser Lord Voldemort. Pero, los otros dos siguen siendo Mortífagos a mi parecer.

Un Pasado InciertoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora