Extra II

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Tom

La alegría rebosaba en el pecho de Tom. Ya se había convertido en un hábito instintivo el tocar su anillo con el pulgar. Era como una especie de confirmación constante, un ancla palpable. Estaba casado con Harry, y su vida estaba saturada de una felicidad profunda y absoluta a su lado.

Por supuesto que impartir la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras también lo hacía inmensamente feliz; la enseñanza a las mentes jóvenes y la sensación de poder en el aula eran embriagadoras. Pero, siempre, siempre se recordaba que toda esta felicidad y la paz que sentía se debían única y exclusivamente a Harry.

Al momento de terminar la clase, mientras el último grupo de alumnos salía del aula con sus manos repletas de pergaminos, la puerta se abrió y Harry entró. Su cabello estaba revuelto por la brisa del exterior, y sus ojos brillaban con la energía del campo de Quidditch. Harry lo saludó con una sonrisa radiante y comenzó a contarle, con gestos amplios, sobre el próximo partido y lo emocionado que estaba por su rol como árbitro oficial.

Tom se apoyó contra el escritorio, sonriendo al escucharlo. El sonido de la voz de Harry, llena de pasión por algo tan vibrante, le producía una oleada de ternura incontrolable. No podía dejar de pensar en lo mucho que lo amaba.

Sin poder resistirse más a la necesidad de contacto, Tom lo atrajo hacia él, abrazándolo firmemente por la cintura. Lo besó con ternura en la mejilla, deteniéndose para sentir la suavidad de su piel, y luego se movió hacia sus labios, capturándolo en un beso rápido pero cargado de anhelo.

—Profesor Riddle, alguien podría vernos —dijo Harry, con una cierta picardía en la voz y los ojos brillantes, aunque no hizo el menor esfuerzo por liberarse. Tom sonrió y besó su cuello, la piel de Harry se erizó al contacto.

—Ahora también eres el Profesor Riddle, así que no hay problema en que bese a mi esposo —susurró Tom, el título, "esposo", sonaba increíblemente bien en su voz grave.

Harry dejó salir una risa contagiosa y melodiosa que provocó una oleada de un cariño cálido y abrumador en Tom. Era el sonido de la felicidad que había reconstruido, y se aferró a él.

La risa de Harry llenó el aula, pero Tom no estaba dispuesto a que el momento terminara. Sus ojos oscuros, llenos de un deseo juguetón y una pasión intensa, se clavaron en Harry.

—¿Nos ponemos traviesos, profesor Riddle? —susurró Tom, su voz grave y seductora.

Harry sonrió, la adrenalina y la excitación subiendo por su cuerpo.

—Estamos en Hogwarts, Tom. Las paredes tienen oídos.

—No por mucho tiempo.

Tom soltó a Harry con solo una mano para sacar su varita. Con un movimiento rápido y silencioso, lanzó una serie de hechizos complejos que Harry solo pudo distinguir por el leve brillo dorado alrededor de las molduras de la puerta y las ventanas. Eran encantos silenciadores de alto nivel y hechizos Muffliato reforzados, dignos de un antiguo Señor Oscuro. El aula se convirtió en una burbuja de privacidad absoluta.
Guardó la varita y su mirada regresó a Harry, llena de una promesa inconfundible. Antes de que Harry pudiera reaccionar, Tom lo levantó sin esfuerzo, cargándolo por los muslos.

—¡Tom! —exclamó Harry, aferrándose al cuello de su esposo.

Tom no respondió con palabras, solo con una sonrisa arrogante. Caminó con pasos firmes hacia su gran escritorio de roble, el mismo desde donde había impartido su lección de hechizos de desarme minutos antes. Con un movimiento, despejó los libros y pergaminos restantes y depositó a Harry sobre la superficie pulida.

Harry sintió la madera fría bajo sus manos, pero el calor que emanaba de Tom lo envolvió al instante. La picardía en los ojos de Harry se transformó en pura entrega.

Un Pasado InciertoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora