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Amarion miró a la muchacha con sorpresa.

Desde que terminó la subyugación, María no había trabajado como curandera. Aunque leía con más frecuencia que antes, seguía siendo la misma criada. Pero debió de estar pensando en esto. ¿De verdad iba a dejar su trabajo y convertirse en erudita?

María vio la expresión de Amarion y rápidamente añadió.

—Por supuesto, seguiré trabajando como sirvienta. La vida en el castillo es muy divertida. Pero cuando salí a curar a la gente, me di cuenta de que me gusta ayudar a la gente.

María sonrió tímidamente.

—Quiero seguir ayudando a la gente en el futuro y quiero aprovechar mis conocimientos.

—María...

—Así que, con lo que me enseñaron mis padres, quiero hacer algo de lo que puedan estar orgullosos. Al fin y al cabo, todo lo que sé lo aprendí de ellos.

La niña sonrió brillantemente.

Amarion parpadeó sorprendida. María, que siempre se había comportado como una joven, parecía una mujer madura. La admiraba y la envidiaba.

Todos planeaban claramente su futuro. Ella seguía siendo torpe y desconocía muchas cosas. Ni lo que heredó ni su nueva vida eran perfectos...

Catalina habló como si leyera su mente.

—Amarion, ¿y tú?

Amarion pensó por un momento y luego respondió lentamente.

—Como saben, nací heredera de un condado. Así que la razón de todas mis decisiones fue mi tierra natal. Incluso venir aquí y casarme con Víctor.

—...

—Pero gracias a eso pude cumplir con mi deber allí.

La dote pagada por el Gran Duque fue de 500 monedas de oro. Era una suma enorme de dinero en cualquier lugar. Si se usaba con prudencia, toda la finca podría sobrevivir más de diez años.

Duraría mucho tiempo incluso si se reconstruyera el muro que rodea Amari.

Si pudieran construir una muralla alta y segura como la de Fidelburg, los monstruos no podrían entrar en la aldea y se reduciría el número de heridos. Así, los aldeanos podrían cultivar y minar con mayor seguridad.

Necesitaban desesperadamente ese dinero, y su matrimonio con Víctor lo hizo posible.

Ella sonrió brillantemente.

—Mi tierra debe estar a salvo ahora, así que voy a vivir aquí como la esposa del Gran Duque.

María y Julianna asintieron ante sus palabras.

Siempre estarían a su lado en Morte. Aunque Catalina viajaría por todo el continente, podría visitar Morte a menudo. Amarion sonrió y miró a su primera amiga.

Pero...

—... ¿Catalina?

—Ah, sí.

Catalina de repente recobró el sentido.

Su expresión era muy extraña. Parecía como si algo se le hubiera atascado en el pecho.

—¿Estás bien?

—Sí. No es nada. Solo...

Después de cerrar los ojos por un momento, volvió a levantar la cabeza.

De repente, su rostro se tornó decidido. Con tono endurecido, Catalina dijo:

—Amarion, ¿podrías dedicarme un poco de tiempo? Tengo algo que decirte.

AmarionDonde viven las historias. Descúbrelo ahora