Víctor Morte esperó.
Estaba irascible y desenvainó su espada primero, pero Amarion siempre lo hacía esperar. Y su espera siempre valía la pena. Incluso si la seguía a una tierra desconocida, emprendía un arduo viaje y se topaba con magos.
Toda su alegría provenía de Amarion. Así que esperó sin decir palabra, como un perro dócil.
—Perro, ¿no te preocupas? ¡Tu amante salió corriendo! —preguntó Mirage, quien se estaba arrancando el pelo.
—... ¿Amante?
—¿Por qué finges estar sorprendido?
Para ser honesto, este mercenario fue un poco ingenioso, pero Víctor no lo señaló.
Mirage declaró.
—Ustedes dos son amantes.
—...
—Se escaparon juntos, ¿verdad? Eres un joven noble, y Wildcat era tu caballero de escolta o algo así. ¿No te escapaste porque tu padre, su señor, se oponía?
Es muy ingenioso... Pero ¿cómo pudo hacer una suposición tan dramática?
El Gran Duque miró hacia la puerta, pensando que debía contarle a Amarion sobre este interesante malentendido.
Ya casi era su hora de regreso. Si de verdad la conocía, entonces seguramente...
En ese instante, la puerta de la posada se abrió de golpe.
—¡Maldita sea!
Un camarero que llevaba platos gritó.
Su mirada se suavizó al instante. Víctor miró a la persona que apareció en la puerta.
Amarion, que regresó, todavía llevaba su capucha, con su amado cabello blanco atado y oculto.
Pero la sangre goteaba de la espada que sostenía en la mano. Ignorando su mirada, se acercó con dificultad y le arrojó una bolsa empapada en sangre al apostador.
—Ojos de orco. Gané la apuesta.
La apostadora palideció y abrió la bolsa. Poco después, empezaron a reprenderla.
—Oye, ¿cómo sabemos que lo atrapaste tú solo?
—¡Sí! Todavía hay cazadores por ahí intentando atrapar orcos, y puede que los hayan atrapado...
—Sí, no lo sé. Lo importante es que tengo la habilidad para matar a un orco y volver con vida.
—...
Amarion preguntó en voz baja.
—¿Te gustaría batirte a duelo conmigo por eso?
Los apostadores se quedaron paralizados. Era curioso ver a hombres tan corpulentos paralizarse.
Suspiró profundamente y levantó su espada ensangrentada. Luego susurró en voz baja.
—No vuelvas a hacer algo así y devuelve todo el dinero que robaste de aquí.
—¿Qué? ¿Quién te crees que eres...?
—¿De verdad quieres que te corten los dedos?
Los apostadores mantuvieron la boca cerrada. Los hombres no parecían querer abrir sus monederos. Amarion se crujió el cuello, preparándose para la pelea.
Entonces, una luz tenue parpadeó sobre la mesa.
—¡Ahhh! ¿Qué es esto? ¡Mi mano!
Los apostadores comenzaron a gritar.
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Amarion
RomanceLa muerte no puede dormir ---------✧--------- Publicada: 20/05/23 Finalizada: -------------------
