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Las líneas en el suelo casi no se distinguían. El concreto y la loza, al parecer, eran del mismo tono. Y aunque Hyuk trató de definir los trazos para encontrar la separación entre cada uno no fue sencillo sino hasta que entrecerró sus ojos y se concentró en enfocar. De vez en cuando un par de zapatos se atravesaban en la periferia de su vista. Los escuchaba venir por un por costado hasta que pasaban justo frente a él y luego se volvían a alejar mientras el sonido del choque entre la suela y el piso era cada vez más endeble.

No había una secuencia sólida en su pensamiento que rigiera aquel estado ausente.

Si acaso las intermitencias de memorias en las que su propia mente rechazaba profundizar como si una inesperada barrera se hubiera propuesto desechar todo eso que le provocaba malestares.

Hyukjae no era de los que creían que ignorando el problema la vida sería más sencilla. Su cabeza casi daba la impresión de estar programada para sobre pensar hasta lo más mínimo. Aún en sus intentos de mostrarse relajado y despreocupado había una vocecilla que lo traicionaba y le llevaba a cuestionarse todo en distintos niveles.

Creando escenarios que en su mayoría se definían como pesimistas.

O suponiendo situaciones posibles a partir de decisiones extremas en las que tuviera que enfrentar lo impensable.

Todo ello como producto de una absurda idea cotidiana.

Eso lo agotaba demasiado. Y le traía secuelas de las que no siempre se sentía tan orgulloso.

Últimamente a Hyukjae le estaba costando muchísimo conciliar el sueño. Pasaba las noches mirando el techo en espera de que una señal de agotamiento fuera suficiente para permitirle ceder. Pero esto no siempre funcionaba. Miraba a su costado y se encontraba con un DongHae perdido en la tranquilidad de la noche. Y claro que eso lo relajaba.

Pero no era suficiente.

En las cuestiones físicas, amar no era suficiente para las preocupaciones que sentía y que no podía externar tan fácilmente. No es que desconfiara de Hae, por supuesto, pero la inutilidad de la situación, de sí mismo, le provocaba cuestionarse por dentro y replantearse millones de cosas en un instante. A ello agregaba el hecho de que prácticamente dependía de Hae para todo. Vivienda, alimento, gastos cotidianos...

Hyukjae recibía una buena cantidad por el hecho de ser un alumno becado. Sin embargo, a veces, muy de vez en cuando, tenía la impresión de ser un niño intentando a jugar como adulto. Le pesaba saber que no daba lo suficiente para apoyar a Hae (según los términos que él entendía como "apoyo"). Y por eso evitaba sacar el tema o decir de manera directa que el insomnio lo estaba acechando más que nunca.

La verdad es que nunca se sintió tan solo en toda, toda su vida. No en el sentido amoroso, de hecho. Sino en la cuestión fraternal. Había en su corazón una intranquila ruptura que no sabía cómo apaciguar porque creía que la raíz del problema era sumamente absurda.

A Hyukjae le pesaba el conflicto con sus padres.

El imaginar que su madre pudiera estar más angustiada de lo necesario y que, por lo tanto, su enfermedad le estuviera perjudicando de alguna manera.

Le pesaba no poder ayudar con las labores de casa imaginando a papá yendo a hacer las compras sin alguna compañía. Y cargando los enceres por su cuenta hasta la bodega.

Pero más le pesaba saber que no podía volver con ellos mientras ambos estuvieran en contra de darle la libertad que merecía para escoger a la persona de su vida.

Luego, la herida nacida de aquella situación, mientras más angustiante se volvía, más confusa le parecía. Hyukjae no sabía cómo procesar su pena. No se concebía a sí mismo teniéndose compasión por el hecho de que, quizá, era nada comparado con el dolor de Lee DongHae.

Adagio [EunHae]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora