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El reflejo incandescente de su rostro pudiera parecer parte de la decoración si tan solo él optaba por quedarse ahí por más tiempo del necesario. Los rayos del sol que entraban por las rendijas de las ventanas a lo alto del auditorio golpeaban su perfil y el dorado artificial de sus cabellos.

Tendría que hacerse un esfuerzo de verdad enorme para que Lee DongHae se retirara de aquel lugar. A pesar de llevar ya buen rato postrado ahí creía que los minutos se asimilaban a sus ocasionales parpadeos. Pasaban tan de prisa que bien podía imaginar una cintilla grabándole a velocidad apresurada. Con todas las personas caminando de un lado a otro a sus espaldas, meseros repartiendo los canapés y bebidas, estudiantes escoltando a los visitantes con guías bien estudiadas para previas explicaciones, una pareja coqueteando a la distancia y los directivos acicalándose mutuamente en decoraciones verbales que repartían halagos constantes por la esplendidez del evento en la galería.

Y, a pesar de todo, él seguiría en la misma postura.

Abandonado a su goce estético en la expresión más pura posible.

DongHae, además, experimentó una curiosa catarsis. Cuando los pliegues de la vestimenta en aquel par de figuras parecían tan finamente reales que los dedos le picotearon de ganas por tocar. El cristal era el único impedimento a sus imprudentes anhelos. Sin embargo, la intención ahí estaba.

"El beso prohibido"
—Por Lee Hyukjae

Su estómago se estrujó de repente tras leer, por quinta ocasión, el nombre de la obra junto con su autor.

Tragó con fuerza.

Dos amantes.

Dos hombres.

El primero que observó DongHae desde el inicio estaba más inclinado hacia atrás El otro lo sostenía con una mano sobre su espalda y la otra entre sus cabellos. Parecía un agarre ansioso y desesperado. Como si el primero quisiera escapar y el otro se lo impidiera. Aquel que tenía la mayor inclinación, el que, para ser exactos, daba la impresión de pretender una huida, desviaba su rostro como si se estuviera negando al beso. Pero los brazos del segundo lo envolvían de una manera que no sólo mostraban un deseo contundente por aferrarse a él, sino por evitar que cayera.

¿A dónde?

¿Por qué?

¿Cuál era el motivo de su huida?

Ah, y el pináculo de la debilidad: sus expresiones.

Los dos amantes con los ojos cerrados. Una expresión tan tersa y apaciguada que, a pesar de no reflejar más allá de la calma, aparentemente guardaba un secreto. Porque entre más lo miraba, DongHae se sentía más desolado. Experimentaba un crudo dolor en el fondo. Deseos inconmensurables de soltarse a llorar. La angustia trepaba a su cuerpo y se apoderaba de su cabeza.

Entonces entendía la urgencia de los amantes.

El dolor de estar juntos.

El dolor de estar próximos a separarse.

Era... tan hermoso.

—Bien merecido ese primer lugar, ¿no crees?

A DongHae se le quedaron atascadas las palabras. La llegada de Jannie para unirse nuevamente a él casi interrumpe su momento de fusión con la escultura. Ciertamente, aquel busto sólo plasmaba de la parte del pecho hacia arriba, pero, ¿importaba eso? Las proporciones eran tan adecuadas y bien calculadas que, apenas Hae se posicionó frente a la vitrina que guardaba aquello, su rostro y el del amante que rechazaba el beso empataban perfectamente. Casi podría jurar que...

Adagio [EunHae]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora