Treinta y siete.

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Jungkook acariciaba el cabello de Taehyung con paciencia, peinando las hebras suaves entre sus dedos mientras escuchaba sus ronquidos bajos. El alfa dormía abrazado a su cintura, con la cabeza apoyada en sus piernas, completamente relajado.

Había pasado cerca de una hora desde que Taehyung se había quedado dormido así, usando su regazo como almohada, mientras Jungkook lo consentía con caricias lentas, como si tratara a un cachorro exhausto.

Eran alrededor de las dos de la tarde. Ambos ya habían comido después de las debidas rondas de intimidad y de haberse duchado juntos. Jungkook, atento incluso en la quietud, reacomodaba el nido de vez en cuando, asegurándose de que Taehyung estuviera cómodo, cubriéndolo mejor, acomodando las prendas del nido.

Era el quinto y casi último día de celo y Jungkook no había salido de la habitación desde entonces. Todo lo que hacía sucedía dentro de la habitación, bajo la mirada constante de Taehyung, que no lo dejaba alejarse ni un segundo y se negaba a separarse de él.

Jungkook no tenía problema con eso. Se mantenía a su lado, atento a cada necesidad, dándole las pastillas y vitaminas a las horas exactas, cuidando que bebiera suficiente agua. Llegó incluso a alimentarlo como a un niño, sentándose en la cama y llevándole la comida a los labios, porque increíblemente Taehyung se había vuelto receloso incluso con eso. No quería comer si no era de la mano de Jungkook, si no venía acompañado de caricias suaves, y de la promesa de que no se iría, de que lo dejaría marcarlo otra vez cuando su cuerpo se lo pidiera.

A partir del segundo día, la fiebre había aumentado. Jungkook no se separó en ningún momento, controlando la temperatura, administrándole la medicación, alternando supresores, colocando parches fríos y llevándolo a la ducha cuando el calor se volvía insoportable. Lo curioso, casi irónico, era que apenas la fiebre cedía, Taehyung volvía a aferrarse a él con nueva energía, buscándolo de nuevo, como si el descanso solo avivara su instinto.

Jungkook, por su parte, había sobrevivido a los dolores con analgésicos, cremas calmantes y mucha agua. Comía cuando podía, y bebía a sorbos largos, resistiendo más por voluntad que por fuerza física.

Su cuerpo estaba cubierto de marcas sensibles, y su olor... ese era otro caso. El aroma de Taehyung se había impregnado en su piel de una manera imposible de borrar.

La habitación no estaba tan diferente a él. El aire era denso, cargado del aroma de ambos, y Jungkook era el único capaz de soportarlo sin marearse, el único que se movía con naturalidad en ese ambiente saturado, porque para él no era sofocante.

Era su hogar.

En esos días largos, Jungkook se había despegado del mundo exterior sin darse cuenta. El teléfono solo lo tomaba para mirar la hora; nada más le importaba que permanecer entre los brazos de Taehyung, acompañar su respiración, y ser el ancla que lo mantenía tranquilo.

Hasta ahora.

Le dolía un poco la espalda de tanto estar sentado, pero no quería moverse. No quería despertar a Taehyung. Así que, con cuidado, tomó el celular para distraerse mientras Taehyung dormía y abrió los mensajes.

Fue entonces cuando vio, varios mensajes de Hoseok, acumulados, olvidados desde el día en que las cosas se habían puesto tensas entre ellos.

Un nudo incómodo le apretó la garganta. Recordar esa conversación lo hizo sentirse mal. No solamente por Hoseok, sino también por él. Por no haberlo escuchado con calma, por haberse cerrado de inmediato, por no haber querido pensar cuando se sentía confundido.

¿Qué tenía que ver una cosa con la otra? ¿Qué tenía que ver Jimin en todo eso? ¿Con él? ¿Por qué Hoseok estaba tan seguro de lo que decía?

housewife. tkHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora