Veintisiete.

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La luz dorada de la mañana empezaba a colarse entre las cortinas gruesas. Era suave y cálida, como si el universo supiera que debía ser gentil con quien dormía tan frágil entre las sábanas.

Taehyung no había dormido. O tal vez sí, con un ojo abierto y con el brazo rodeando ese cuerpo que seguía temblando a ratos, murmurando su nombre entre suspiros inconscientes.

Jungkook fue quien abrió los ojos primero. Le picaban un poco de tanto llorar y sus mejillas aún sentían el leve ardor del roce constante.

El cuerpo le dolía raro, pesado, y entre las piernas el calor parecía querer volver más fuerte, no como en la noche anterior, sino peor. Su respiración se agitó apenas al mover una pierna.

La tela del short estaba empapada y pegajosa. No de sudor si no de su propio lubricante y fluidos.

Jungkook miró a Taehyung. Lo miró con ganas de llorar, de besarlo, de esconderse.

La cara del alfa lucía más joven al dormir. Menos fiera. Menos inaccesible. Pero eso no calmaba la urgencia que se le acumulaba en el vientre bajo.

Jungkook cerró los ojos y se mordió el labio.
Sin pensarlo más, porque a pesar de estar bajo los efectos del celo, había algo que lo mantenía también con sentido, como si su omega supiera que debería de actuar también bajo conciencia propia.

Se acercó despacio sobre la cama hasta quedar encima de él. Con las piernas de lado, rodeando las caderas de Taehyung, apoyando apenas su entrepierna húmeda sobre la cintura ajena.

Un jadeo se le escapó.

— Taehyung... —susurró, con voz temblorosa.

La mano del alfa se movió. No se despertó del todo, pero murmuró algo.

Un leve ronquido.

Un movimiento de ceja.

Jungkook tembló.

— Hyung —repitió, y esta vez se movió. Presionó apenas, buscó fricción, su cuerpo lo traicionó con un gemido suave.

Las lágrimas se le acumularon sin sentido. Todo ardía de nuevo. Quiso llorar otra vez pero lo que hizo fue llevar sus manos a su propio short y comenzar a bajarlo. La tela húmeda se deslizó con lentitud, hasta quedar amontonada en sus muslos.

Una oleada de aire fresco le hizo estremecer la piel.

Taehyung parpadeó y lo vió.

Jungkook, montado en él, desnudo desde la cintura para abajo, frotándose suavemente como si necesitara salvarse con ese roce.

Como si eso fuera lo único que lo mantuviera respirando.

— Jungkook. —la voz de Taehyung fue ronca, quebrada por el sueño.

— Taehyung... me arde —dijo con voz ahogada, la cara roja, las lágrimas otra vez allí—. Alfa, no puedo... me duele.

Taehyung se incorporó de golpe, medio sentado contra la cabecera.

Atrapó las caderas de Jungkook antes de que se moviera más.

— Voy por las pastillas.

— ¡No! —gimió Jungkook, aferrándose a sus hombros—. No... no quiero. Solo quiero sentirlo. Quiero que me abrace otra vez. No me deje solo.

Taehyung lo miró.

El omega temblaba. Tenía el cabello desordenado, los ojos brillosos, la voz rota.

— ¿Así sin nada más? —preguntó él, como para confirmar, como si no quisiera cruzar la línea.

Jungkook asintió y se frotó otra vez.

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