Veintiséis.

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Jungkook estaba sentado sobre sus piernas en la alfombra de la sala principal. Tenía una pequeña manta que le cubría las piernas y sobre la mesita ratona frente a él, una taza con té de manzanilla que apenas había probado. Había amanecido con el estómago sensible.

Bostezó, aún medio atontado. Había tomado un baño con agua fría para despejarse pero el cansancio seguía ahí, enredado en sus huesos. Después de lo sucedido la noche anterior, su cabeza dolía y se sentía como un zombie. O peor: como si su cuerpo se estuviera adaptando a algo que aún no entendía del todo.

Su cabello aún estaba húmedo y, al hojear el libro de "Antiguas Dinámicas Alfa-Omega: Estudio sobre la Simbiosis Histórica", unas pequeñas gotitas cayeron sobre la página que llevaba abierta desde hacía más de dos minutos. De fondo, la televisión estaba encendida en una serie que no estaba mirando y más lejos se escuchaba el ir y venir de los trabajadores del servicio doméstico, intentando no perturbar al joven omega.

Estaba tan metido en su burbuja, que no escuchó la puerta principal abrirse. Ni los pasos firmes que cruzaron el mármol con esa calma sigilosa que solo tenía Taehyung.

Fue su aroma lo primero que sintió. Una punzada cálida le rozó la nariz, casi como un cosquilleo involuntario y antes de que pudiera preguntarse si era real... ya lo tenía detrás.

Taehyung.

Entró en silencio, como solía hacerlo pero sin ese aire monótono de siempre.

Llevaba una camisa blanca con los primeros botones abiertos dejando ver la línea de su clavícula. El cabello algo revuelto y los ojos encendidos, como si aún estuviera resolviendo cosas en su mente.

— Jungkook. Buenas tardes —dijo.

El omega dio un respingo. Su cuerpo entero se tensó cuando se giró a verlo ahí, tan real y tan cerca.

— Señor... digo, Taehyung. No lo esperaba tan temprano —murmuró, reincorporándose levemente, evitando su mirada como si con eso pudiera borrar lo que había hecho la noche anterior.

No quería que lo viera así. Ni por fuera ni por dentro. Llevaba puesta una pijama holgada, el cabello mojado y una cara que decía "no dormí en paz". Sentía vergüenza. Porque normalmente, él se arreglaba para Taehyung.

— Tuve que salir del trabajo —comentó el alfa, quitándose el reloj con un movimiento ágil—. Tuve unos cambios de agenda.

Se sentó en el mueble más cercano, mirando de reojo cómo Jungkook seguía en la alfombra, haciendo de todo por esquivar su atención.

— ¿Estás bien? —preguntó, esta vez con más suavidad—. Anoche no te sentí regresar.

— Sí, sí, estoy bien. Regresé tarde y no quise hacer ruido —dijo él, fingiendo interés por el libro. Pero ya no sabía en qué parte se había quedado, ni qué diablos decía esa página.

— ¿Y qué estás leyendo tan concentrado? —preguntó Taehyung, inclinándose un poco desde el sofá para ver la portada. Sus cejas se levantaron con curiosidad al leerla— ¿Antiguas Dinámicas Alfa-Omega? ¿Eso no es de mi biblioteca?

Jungkook tragó saliva.

— Sí... Lo tomé prestado. Lo siento. Vi que tenía muchas notas dentro y quería entender mejor algunas cosas.

— ¿Notas? —repitió el alfa, ahora sonriendo con un dejo de burla—. Entonces viste mis subrayados en rojo. No me juzgues, era una época intensa de la universidad.

El omega sonrió nervioso, sin mirarlo.

— No... están bien. Son útiles. Solo que... no sabía que usted lo había leído.

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