Treinta.

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Hoseok hurgaba entre las revistas viejas de su madre, sentado en el suelo con las piernas cruzadas, rodeado de papeles que olían a polvo y perfume añejo. Llevaba un buen rato hojeando titulares escandalosos que le arrancaban pequeñas sonrisas. Le divertía la manera en que los periodistas exageraban, construyendo historias a partir de simples rumores, adornándolas con fotografías tomadas en el momento justo para alimentar la curiosidad ajena. Era un circo, sí, pero uno que entretenía.

Claro que él no estaba ahí solo para matar el tiempo. Había pasado por la casa con el pretexto de visitar a su familia, de compartir una tarde tranquila con ellos. Pero en el fondo, había otro motivo que lo empujaba a revolver aquel archivo improvisado: Hoseok sabía que su madre era una verdadera enciclopedia de los chismes de sociedad. Y si había alguien capaz de coleccionar pruebas de esas historias, eran precisamente las torres de revistas que guardaba como tesoros.

Jimin.

Ese nombre y esa cara le daban vueltas desde hacía días. Hoseok estaba convencido de haberlo visto antes, en algún sitio donde no debería pasar desapercibido. Y si su memoria no le fallaba, ahí encontraría la confirmación.

— ¡Aquí está! —exclamó de pronto, con una sonrisa satisfecha al reconocer lo que buscaba.

Entre la montaña de portadas desordenadas, había una que de inmediato reclamó toda su atención. El título, en un tono chillón, se robaba la mirada de cualquiera:

"La joya de la diplomacia francesa y su nuevo acompañante."

Las letras grandes ocupaban la parte superior, pero lo que de verdad lo hizo detenerse fue la fotografía.

Era París, una noche iluminada por farolas y escaparates. La imagen capturaba la elegancia del escenario urbano como telón de fondo. En primer plano, una mujer alta, de cabello rubio brillante y piel bronceada, caminaba con seguridad. El vestido que llevaba parecía hecho a la medida: lo suficiente para marcar su silueta sin caer en lo vulgar, equilibrando a la perfección entre el glamour y la sobriedad. Su sonrisa se dirigía hacia las cámaras con la naturalidad de quien estaba acostumbrada a ser perseguida por ellas.

Y justo a su lado, casi refugiado detrás de ella, aparecía un muchacho. Su cabello, descolorido por tintes que parecían haber perdido intensidad con el tiempo, le caía sobre la frente en un intento de distraer las miradas. Pero la cámara lo había captado igual. Su porte era más discreto, como si no perteneciera del todo a ese mundo de flashes. Y, sin embargo, había algo en la curva de su rostro, en la manera en que sus ojos evitaban al objetivo, que lo hacía reconocible. Demasiado reconocible.

Hoseok se quedó inmóvil unos segundos, sosteniendo la revista entre las manos como si temiera que se le deshiciera. El corazón le dio un vuelco; era esa cara, sin duda alguna.

La portada no dejaba espacio a dudas: Jimin, más joven, con un aire casi frágil, se escudaba tras aquella mujer rubia que irradiaba confianza. Lo curioso era el contraste: ella se mostraba al mundo con descaro, acostumbrada al escrutinio, mientras él parecía un adorno tímido, colocado allí a la fuerza, como una nota al pie en la vida de alguien más.

Hoseok deslizó el pulgar por el borde de la fotografía, repasando cada detalle. La revista había querido resaltar la figura de la mujer "la joya de la diplomacia francesa" con una tipografía elegante y dorada, pero en la esquina inferior derecha había un recuadro más pequeño, casi un murmullo en medio de tanto brillo:

"El misterioso acompañante, demasiado joven para ser socio, demasiado cercano para ser un extraño."

A un lado, una flecha señalaba a Jimin, como si lo arrancara del anonimato para exhibirlo bajo una luz incómoda.

housewife. tkHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora