Treinta y dos.

15.2K 528 873
                                        

Los días pasaron más rápido de lo que ambos habrían imaginado. Fueron días tranquilos, casi en exceso, después de aquella primera pelea. Jungkook había vuelto a tratar a Taehyung con dulzura, aunque cada vez que recordaba lo que le había gritado, un malestar lo corroía por dentro. Se sentía culpable, indigno, y al notar esa sombra en su rostro, Taehyung parecía redoblar la manera en que lo mimaba. Lo llenaba de gestos pequeños: una mano que le acomodaba el cabello, una taza de té preparada sin que lo pidiera, caricias que no buscaban nada más.

A Jungkook no le disgustaba aquella atención; de hecho, la recibía en silencio. Pero no podía evitar sentirse extraño. Como si esos cuidados fueran la forma en que Taehyung pedía disculpas sin decirlo en voz alta.

Y como Taehyung había prometido no celarlo y dejarlo ser, no hubo problema con Minjae. Se limitaba a ignorar su presencia, evitando mirarlos demasiado o prestarle atención al joven alfa. No era algo que le correspondiera, y mucho menos iba a rebajarse a sentir celos por un simple amigo de Jungkook.

Los regalos continuaban llegando. Cada día parecía haber más flores, y Jungkook se mareaba entre tantos diamantes brillándole encima. Taehyung insistía en verlo lucirlos, y Jungkook obedecía en silencio, llenándose de pulseras, anillos, aretes y gargantillas. Pero pronto los detalles dejaron de ser "pequeños". Una mañana, entre las cajas envueltas en cintas de seda, apareció un collar de perlas negras de Tahití, frío y pesado en sus manos, tan extraño y elegante que Jungkook apenas se atrevió a ponérselo. Otra tarde, recibió unos gemelos de platino con incrustaciones de zafiros, tan pulidos que parecían pertenecer a otro mundo. No sabía ni cómo usarlos, y menos aún por qué Taehyung creía necesario que él tuviera algo así. Aun así, aceptaba, con la garganta apretada, porque en sus ojos había un brillo que no quería apagarle.

De repente, Jungkook recordó la primera vez que Taehyung había llegado a su casa. En aquel entonces le había parecido intimidante: serio, distante, sin regalarle ni una sonrisa. Sin embargo, los detalles nunca faltaban, y esa constancia terminó por enamorar a sus padres, que lo miraban con admiración. Ahora, el contraste lo descolocaba. Taehyung era más dulce de lo que jamás habría imaginado, se mostraba atento y cariñoso... y aun así, entre tanto lujo, Jungkook a veces sentía que se ahogaba.

Jungkook suspiró mientras se levantaba de la cama, sintiendo el vacío que quedaba en ella. La luz de la pantalla del ordenador iluminaba apenas la habitación, sumiéndola casi en penumbra. Bostezó, bajó su short que se había subido y se acercó a Taehyung, que estaba concentrado escribiendo.

— Hyung... —lo llamó desde atrás, apoyándose en el respaldo de la silla para observarlo.

Se inclinó y besó suavemente su mejilla, disfrutando del silencio compartido y de la cercanía del momento.

— Ve a dormir, mi vida... ya casi termino —le respondió Taehyung, tomando su mano y besándola con adoración, recorriendo con sus labios los dedos y el dorso.

— No puedo dormir.

— ¿Estás emocionado? —preguntó él con una media sonrisa.

— Sí... además, no quiero dormir solo. Lleva aquí desde que me acosté. Por favor, ya deje eso —dijo Jungkook, inclinándose de nuevo para besarle la mejilla, todavía desde atrás de la silla.

Taehyung suspiró, quitándose los lentes y dejándolos sobre el escritorio. Cerró el documento, guardó todo y apagó la computadora. Se levantó, abrazando a Jungkook y alzándolo en sus brazos. Él rió, enredando sus piernas alrededor de la cintura de Taehyung y abrazándolo con fuerza del cuello, sintiendo la calidez al instante.

— Hyung —canturreó Jungkook, abrazándolo más fuerte mientras Taehyung lo llevaba hasta la cama.

Taehyung suspiró con un dejo de cansancio, pero no lo soltó. Con cuidado, acomodó a Jungkook sobre la cama, dejando que sus piernas se enredaran con las de él. Se inclinó sobre su pequeño cuerpo, abrazándolo con fuerza y dejando caer su rostro contra su cuello, inhalando profundamente la fragancia de su glándula. El aroma lo envolvió, como un bálsamo que borró la fatiga del día. Cerró los ojos por un instante, dejando que la calidez de Jungkook lo relajara, mientras sus manos acariciaban suavemente su espalda asegurándose de que estuviera cómodo.

housewife. tkHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora