Treinta y nueve.

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— ¿A dónde crees que vas?

La voz cortante de su padre retumbó desde el despacho hasta el pasillo, haciendo eco en las paredes.

Taehyung, que había intentado salir sin hacer ruido, se congeló. Respiró hondo y giró, caminando hacia el despacho donde Dohyun ya lo esperaba de pie frente a la puerta, con los brazos cruzados y postura rígida.

— Buenas noches, padre — murmuró Taehyung, inclinando la cabeza en una reverencia para no mirarlo a los ojos.

— Te hice una pregunta. Respóndeme ahora.

— Iba a mi habitación.

Dohyun dio un paso hacia adelante, mirándolo con desprecio.

— No me mientas, maldita sea. ¿¡A dónde ibas!? —gritó, provocando que Taehyung se tensara pero mantuvo la postura recta.

— Iba a salir... con mis compañeros de universidad.

— Hmm.

El silencio fue breve y sin más, Dohyun lo agarró del brazo con fuerza, sus dedos se clavaron en la piel morena de Taehyung, y lo jaló violentamente hacia la sala, arrastrándolo por los pasillos oscuros.

— ¡No vas a ir a ninguna parte, Taehyung!

Yeonhee que estaba en el sofá, cuidando a Haneul que jugaba con bloques en la alfombra. Al oír las pisadas fuertes y el aroma agresivo del alfa, se levantó de golpe, tomando al pequeño en brazos, lista para huir pero no logró.

Dohyun empujó a Taehyung con tanta fuerza que este tropezó y cayó sentado en el sofá.

— ¡Ponte a estudiar mejor! ¡Haz algo de provecho! Mañana irás conmigo a negociar, y punto — ordenó, sin siquiera mirar al niño que había brincado asustado en los brazos de su madre.

Haneul comenzó a llorar, escondiéndose en el pecho de su madre, pero Dohyun ni siquiera le dirigió una mirada.

— ¡Esto es tu culpa, Yeonhee! — rugió, acercándose a ella.

Yeonhee levantó la cara.

— ¿¡Ahora de qué me vas a echar la culpa!? ¡Ya está grande! ¡Yo ya lo crié!

— ¡Eres una inepta inútil! Si tú no salieras a escondidas como una puta, tu hijo no habría aprendido a desobedecerme — escupió Dohyun, girándose hacia Taehyung que seguía en el sofá, con la mirada al frente.

Antes de que Yeonhee pudiera hacer algo más, Dohyun la agarró del brazo con la misma brutalidad y la lanzó contra el sofá, justo al lado de Taehyung. El jalón fue tan fuerte que Haneul casi se le cae de los brazos.

El pequeño soltó un llanto agudo, aterrorizado, pero su padre ni siquiera parpadeó.

— Te he prohibido que me levantes la voz — dijo Dohyun—. No sé qué carajos tengo que hacer para que me obedezcas de una puta vez.

Yeonhee respiraba agitada, con las piernas temblando, y eso impidió que se levantara del sofá para irse.

— No te mereces mi obediencia —murmuró entre dientes.

Dohyun soltó una carcajada.

— Esto es exactamente lo que debes evitar con un omega, Taehyung — dijo, señalando a Yeonhee—. Que se te salga de control. Que te levante la voz. Que crea que tiene derechos.

Taehyung solo asintió, con la mandíbula tan apretada que le dolía.

Yeonhee se levantó como pudo, y apretó a Haneul contra su pecho, intentando calmar su llanto. Estaba a punto de salir de la sala cuando la voz de Dohyun la detuvo.

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