Treinta y cuatro.

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Jungkook balanceaba los pies en el aire mientras estaba boca abajo en la cama, mirando algo en su tablet. Taehyung había salido hacía una hora, no sin antes preguntarle tres veces si estaba bien quedándose a solas. Incluso le había insistido para que lo acompañara, pero Jungkook negó rápido al escuchar que era una reunión breve con un socio. Nada emocionante, solo cosas de su trabajo.

Ese día, sinceramente, no tenía ganas de salir. Toda la semana habían estado yendo de un lugar a otro, exprimiendo cada rincón del destino al que Taehyung lo había llevado: playas preciosas, vistas de infarto, comida que todavía recordaba con antojo. Todo eso, siempre del brazo de su alfa.

Por eso mismo había decidido quedarse en cama, hundirse en las sábanas frescas y esperar ahí a que Taehyung regresara. Además... en esos días también habían estado haciendo el amor diario, más que diario, en realidad, y cuando Jungkook no estaba demasiado agotado, hasta pedía otra ronda.

La puerta de la habitación se abrió con suavidad antes de que Jungkook siquiera levantara la vista. Taehyung entró directo y sin pausas, como si hubiera estado conteniéndose desde el pasillo, y se acercó a la cama donde su omega seguía recargado en los codos.

Se quedó congelado al mirarlo y su garganta se secó.

— ¿Cómo te fue, hyung? —preguntó Jungkook sin apartar la mirada de su tablet, solo moviéndose un poco al sentir las manos grandes recorrerle la espalda, bajando con ese toque cuidadoso y casi contenido.

Jungkook estaba boca abajo, con una rodilla doblada y las piernas abiertas lo justo para que todo quedara a la vista. El short que estaba usando era una burla: tan pequeño y subido que la mitad de sus nalgas quedaba al aire, redonditas y firmes, con esa piel suave que brillaba bajo la luz y que se marcaba apenas con el leve temblor de su respiración. Cada vez que se movía, la tela se hundía más entre ellas y dejaba ver el borde de unas panties de encaje negro, tan finas que se volvían transparentes por la humedad.

Y estaba empapado.

Arriba solo llevaba una camiseta de tirantes blanca, tan grande que se le había caído de un hombro y dejaba al descubierto la clavícula y uno de sus pezones rosados ya duros, pidiendo que lo pellizcaran hasta que llorara. El cabello le caía desordenado sobre la cara, y cuando giró apenas la cabeza para mirarlo por encima del hombro, se humedecio el labio inferior con su lengua, llenándolo de su propia saliva haciéndolo lucir brillante.

Tenía la espalda ligeramente arqueada, el culo más arriba de lo necesario y las piernas abiertas como si ya estuviera listo para que lo montaran. Su polla pequeña y rosada, dura como piedra, se marcaba contra la tela del short, goteando también por la punta, dejando un hilo transparente que se perdía entre sus bolas hinchadas.

Era la tentación andante.

Un omega hecho para ser follado hasta que no pudiera caminar.

Taehyung tragó saliva con tanta fuerza que le dolió la garganta. Carraspeó, pero la voz le salió igual de grave y ronca:

— Bien —murmuró, permitiéndose apretar por encima del short—. Fue rápido, solo querían hablar de algunas cosas.

— ¿Qué cosas? —preguntó Jungkook, echándole una mirada por encima del hombro. Ese pequeño gesto levantó su cadera apenas lo justo para que Taehyung tocara más.

— Confirmar que mis propuestas siguen en pie —explicó—. Que sus proyectos marchan bien y que estoy dispuesto a continuar con ellos. Son negocios míos, pequeños, ajenos a la empresa. Por eso, de vez en cuando debo estar en contacto personal con ellos.

Jungkook asintió y volvió a su pantalla.

— Hmm. Espero que todo esté en orden, hyung.

— Y lo está —respondió Taehyung, masajeándole los glúteos ahora con más descaro aunque todavía suave, todavía como pidiendo permiso sin decirlo—. ¿Qué miras con tanta atención?

housewife. tkHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora