Treinta y uno.

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Después de aquella conversación que les dejó un amargo sabor en la boca, ambos decidieron callarlo, como si el silencio pudiera disolver lo que aún les ardía por dentro. Pero en el fondo, las palabras dichas y las verdades que no podían borrarse, seguían repitiéndose una y otra vez en sus cabezas.

Jungkook, herido en su orgullo y en su corazón, se mostraba esquivo. Respondía con frases cortas, evitaba mirarlo demasiado tiempo y fingía indiferencia en los pequeños detalles. Aun así, siempre acababa cediendo ante la insistencia de Taehyung: la ternura envuelta en flores, los obsequios que aparecían en la habitación, las caricias que parecían más ruegos que gestos de amor.

Y mientras más se cerraba a Taehyung, más abría espacio para Minjae. La amistad con él crecía con naturalidad, y aunque Jungkook ya había notado la leve atracción en su mirada, no le dio importancia. Sabía que Minjae era respetuoso y que, con Taehyung siempre rondando como un guardián celoso, jamás se atrevería a cruzar la línea.

Por eso estaba ahí, esperando a Minjae mientras el corazón le latía distinto, como si la emoción se mezclara con un leve nerviosismo.

Había aprovechado que Taehyung estaría ocupado esa tarde con asuntos de trabajo y, aunque en casa había dicho que solo iría a visitar a sus padres, en el último momento cambió de decisión. Con una chispa de rebeldía en el pecho, pidió al chofer que lo llevara al punto de encuentro.

Al llegar, Jungkook descendió de la camioneta con la ayuda del chofer, que le ofreció la mano para asegurarse de que no tropezara. Agradeció en voz baja y sonrió al ver cómo el alfa asentía, quedándose a la espera; mientras él estuviera fuera, su seguridad quedaba bajo la completa responsabilidad de aquel hombre.

— ¡Minjae! —exclamó Jungkook en cuanto lo vio, caminando rápido hacia él con un brillo espontáneo en la mirada.

El alfa le devolvió el saludo con la misma calidez, y junto a él, otra omega que lo acompañaba levantó la mano en un gesto amistoso.

— Jungkook, mira, ella es Nayeon, una de mis amigas —presentó Minjae.

Ella le tendió la mano con una sonrisa amplia.

— Nayeon. Y tú eres... ¿Kim Jungkook?

Jungkook rió bajito, asintiendo mientras estrechaba su mano. Apenas habían cruzado un par de palabras, Minjae ya lo guiaba hacia dentro del lugar. El omega observó todo con ojos atentos: un edificio sencillo, un vecindario común y tranquilo, muy distinto a lo que estaba acostumbrado. Minjae le había prometido que sería apenas una reunión pequeña, algo íntimo entre amigos; nada de escándalos, solo la prueba de que podía relajarse y después, si quería, animarse a una fiesta más grande con los de la universidad.

— Esta es la casa de Mingyu —explicó mientras cerraba la puerta—. Sus padres salieron y aprovechó para quedarse aquí.

Jungkook asintió con una sonrisa tímida. La casa no era enorme ni lujosa, pero resultaba acogedora: cuadros familiares colgaban en la pared, la sala era cálida y lo más llamativo era el sonido de risas y música que llegaba desde otra parte.

— Siéntete como en tu casa, Kook. Mientras no vomites en los muebles, todo está bien —bromeó Nayeon, dándole una palmada en la espalda antes de correr hacia el refrigerador.

— ¿Y no lo van a regañar? —preguntó Jungkook, curioso.

— No, siempre nos reunimos aquí —respondió Minjae, divertido, conduciéndolo hacia unas escaleras que descendían al sótano. Y, casi al pasar, añadió con naturalidad—: Por cierto, Kook, hoy te ves muy bonito.

Lo dijo mientras le tomaba la mano como si fuera solo para ayudarlo a bajar los escalones, Jungkook sintió el calor recorrerle la piel. Se sonrojó enseguida, negando con la cabeza como si así pudiera ignorar el comentario, y suspiró nervioso antes de descubrir quiénes más estaban allí abajo.

housewife. tkHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora