Morir para no escuchar

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llevaba la poca esperanza de estar bien que me quedaba.

miércoles 16 de abril de 2008

MORIR PARA NO ESCUCHAR

Fueron años de tenerla y no tenerla. Lamentando haberla conocido, maldiciendo el momento en que su piel se juntó con la mia, el momento en que sus besos y sus ojos me hicieron caer en una condena perpetua y en una esclavitud de la cual aún en la actualidad sigo pagando.Tal vez varias de mis frases sean reiterativas, pero realmente no encuentro otras para expresarme, ya que esos sentimientos fueron mi condena, y tambien la suya. Tenía algunas amigas que la ayudaban. Buenas personas que la querían ver bien. Esas amigas suyas veían con claridad tambien mi dolor y lo que yo estaba pasando. Ellas a veces me llamaban para decirme que la peque estaba mal o que había vuelto a cortarse o a caer en alguna depresión. Yo decidía si acercarme o no, ellas solo me avisaban porque sabian que estaba en mis manos que C. se pusiera mejor. Que enorme responsabilidad me habian encomendado poniéndome en ese lugar. Yo no podia ni con mi propia vida y menos iba a poder con la vida de ella. Ademas las veces que intentaba ayudarla terminaba todo peor.Una vez, fue tan grande su depresión, que una de sus amigas me llamó para contármelo. No comía, ni salia de su cuarto, ni iba al colegio, no se bañaba ni se levantaba de la cama. Había dicho varias veces que no quería vivir mas y que nada le importaba. Su padre trabajaba todo el dia y su madre a pesar de amarla mucho, no tenía autoridad suficiente para imponérsele, mas bien le temía y no sabía para donde correr cada vez que su niña se encerraba en un estado de depresión. Lo único que hacía su madre era tenerla ahí en su casa, controlada y verla cada minuto para controlar que no se agrediera fisicamente, y si dormía sentía tal vez el consuelo de que su cerebro descansaba, que al menos unas horas no pensaba en morir. Su empleada domèstica no se despegaba de C. la veía, la controlaba y controlaba todo lo que hacía. Y ella que en otro momento se hubiese quejado y maltratado a la empleada echándola o insultándola, no decía nada, solo callaba y lloraba sin gestos en su rostro. Realmente no quería vivir mas. Esa vez, sentí que realmente quería morir. Ella no era así y estaba seguro que esa vez no buscaba llamar la atención. Su psiquiatra la visitaba a diario, y cambiaba la medicación esperando una respuesta positiva que no llegaba. Iban a internarla? tenían que esperar al menos diez dias a ver si funcionaba la medicación. De lo contrario iban a internarla. Su amiga mientras me contaba, lloraba. Estaba realmente angustiada y triste. Este es el diálogo que mantuvimos con su amiga, lo que recuerdo: p- hola ale, soy P la amiga de C. te acordas? nos conocimos en la facultad.a- hola! que haces? paso algo con C? p- si, esta muy mal. no sabes... muy mal, creo que esta vez si no quiere vivir mas. a- no creo, ella suele hacer estos berrinches para llamar la atencion, ademas por que me llamas? que tengo que ver yo en esto? otra vez es mi culpa? que hice ahora? p- no ale, no te pongas en esa postura defensiva, ella esta mal porque sigue mal, siempre estuvo mal, desequilibrada no le encuentran el tratamiento correcto, ya no saben que hacer... pero esta vez ale creeme que no es un berrinche, es algo grave, no come, no sale de su cuarto, no habla, no se baña, nada, esta todo el dia tirada en la cama y duerme la mayor parte del tiempo. No le importa nada, no reacciona a nada, esta muy mal. Ni siquiera la medicacion le hace efecto, esta muy mal... no quiere vivir. a- y que puedo hacer yo? para que me llamaste? p- no se... habia pensado que la llames por telefono al menos, a ver si reacciona con vos. no se... no se me ocurre que podemos hacer... ya probamos con todo y nada. a- Dios mio... ahora la voy a llamar. p- bueno, dame un minuto que le aviso a la madre asi estan atentos. a- okCorté el teléfono y casualmente con un espejo delante de mi, me ví, mi cara tenía rasgos de miedo e inseguridad, en mi mente la inevitable culpa y en mis manos sudor, en mi frente sudor y en mi cabeza un dolor que comenzaba a crecer. Me pregunté si sería otro ataque de pánico, me senté en la cama, y vi que mis manos comenzaban a temblar. Y si moria? si ella moria? iba a ser mi culpa... no podria vivir con eso ! tenia que llamarla, porque lo habia prometido, asi que tomé el teléfono nuevamente y marqué su número. Tres veces porque dos veces me equivoqué al marcarlo. Evidentes signos de nerviosismo, el sudor en las manos, el dolor de cabeza, el corazon que me latía rápido. Llamé y atendió su empleada, me pasó con su madre y ella me pasó con mi pequeña. Debía pensar las palabras justas para salvarla, para darle ganas de vivir, o sacarla de ese pozo en el cual se había metido como refugiándose de algo que la torturaba mucho. Tomò el teléfono y sin decir una palabra se puso el auricular en el oído. No hablaba, pero yo podía sentir su respiración, y sabiendo que no iba a hablar pero que si me iba a escuchar le dije: TE AMO MI AMOR. y entonces ella cortó. El ruido del teléfono al cortarlo, y el silencio seguido del sonido del telefono colgado, me tiró sobre la cama, como si hubiese caido en una realidad terrible, me dí cuenta que estaba realmente mal. Volví a marcar su número y ya nadie atendió. Apareció su vocecita en el contestador, riendo y diciendo payasadas, alegre y tan linda escuché su voz invitando a dejar un mensaje, cuando mis làgrimas comenzaron a caer. Entre làgrimas no pude dejar nada, ni una palabra y corté. Por mi cabeza comenzaron a aparecer miles de imágenes, ella riendo, corriendo, saltando, jugando, amándome, peleándome, gritando, enojada, soberbia, simple, alegre... miles. La prefería mil veces cruel y soberbia antes que en la nada en la que estaba sumergida. Mis ojos derramaban làgrimas, y otra vez me ví en el espejo. No tenía cara de estar llorando y sin embargo mis làgrimas no paraban de caer. Mi rostro serio y lleno de làgrimas, mi cuerpo cabizbajo y mis manos que temblaban ante la posibilidad de que le pasara algo malo, irreparable. Llamé a mi hermano y le conté lo que sucedía. El se ofreció a acompañarme a su casa, asi que tomamos mi auto y fuimos. Por el camino no dije ni una palabra, iba inmerso en mis pensamientos, con la incertidumbre de no saber que pasaría, si me dejarían verla. Cuando llegamos, mi hermano se sorprendió al ver la casa, una mansión. A mi realmente me hubiese dado igual que viva en cualquier parte, pero realmente su casa es impresionante. El enorme portòn y el mas enorme jardín de la entrada, se hicieron infinitos, parecía que no llegaba mas hasta ella. Su madre me recibió en la puerta enorme y me pidió por favor que suba a verla. Su casa imponente, de arquitectura impecable, mucho blanco, mucho vidrio. Era lógico que alguien tan bello viviera en esa casa. Pero también su casa se parecía a ella, hermosa, deseable para cualquiera, y vacía, enorme y vacía. Los espacios enormes y las vistas increíbles eran como su alma. Casi imposible de llenar. Dificil de encontrar calidez en un lugar tan grande. Subimos las escaleras y lleguè hasta su cuarto. Su empleada sentada junto a ella, la cuidaba cual guardiana y ella dormidita estaba mas blanca que nunca, pàlida y frágil, extremadamente delgada, con ojeras y cobijada con una frazada con motivos infantiles. Cuando me vió llegar, la empleada inmediatamente se retiró de la habitación, al igual que mi hermano, y me quedé solo con ella dormida junto a mi. Me arrodillé junto a ella, y ahí de rodillas junté mis manos para pensar de qué manera iba a despertarla. Y a modo de rezo, se abrieron sus ojitos ante mi mirada. Cuando me vió ahi arrodillado a su lado, me dijo casi entre balbuceos: -estoy soñando. La tomé entre mis brazos, estaba tan frágil, tan pequeña, tan delgada, que mis brazos la cubrian por completo, y mi pecho parecía enorme ante su figura casi esquelética. Ella se abrazó a mi y poniendo su nariz en mi pecho, aspiró mi perfume como una bocanada de vida, y un suspiro me confirmó que habia tomado la decision correcta, yo debía estar ahi con ella. Comencè a darle besos, sin una palabra, solo besos, tomando su carita mas pequeña que nunca, entre mis manos que parecían enormes, besé sus mejillas, suavemente, muchas veces, su naricita, sus ojos, su frente, su pelito, sus manos, cada uno de sus dedos. Ya sentada en su cama, recibió mis mimos como un bálsamo sanador y muy suavemente y casi esforzándose sonrió. Yo también le sonreí y así en silencio, la abracé y la incorporé en la cama, le puse sus pantuflas en los pies y la conduje hasta la puerta donde estaban esperando su madre y su empleada. Al abrir la puerta, se abrazó a su madre y comenzó a llorar. Su madre también lloraba mientras le decía: mi amor, por favor mi vida, necesito que estes bien, ponete bien hijita, por favor... Pero ella se volteó hacia mi y abrazàndose a mi pecho como buscando el amparo mas deseado me dijo dulcemente: quedate conmigo. Bajamos a la sala, y sentados en el sillon, su empleada nos trajo cafe con leche con facturas. Estabamos los dos solos, ya para entonces mi hermano estaba en el auto y su madre habia decidido dejarnos solos. Comenzamos a tomar el cafe con leche y ella comía de mi mano una medialuna. Yo la alimentaba como a una niña, y le sonreía, la acariciaba y la besaba entre cada bocado que comía. Así fue comiendo de a poquito, tres medialunas, con cafe con leche. Las palabras todavia no surgian entre nosotros, solo la piel, las caricias y los mimos. El gran silencio de la casa, bañado por el sol que entraba por los ventanales, hacian de ese lugar un paraíso. Ella me miraba a los ojos casi sin entender que estaba haciendo yo ahi. y así mirandome, me preguntó nuevamente: c- estoy soñando? a- no estas soñando, estoy con vos, en tu casa, con este cafe con leche tan rico, con tu mami que te cuida y quiere verte bien, con esta cara de loco porque salí de raje para verte... y sonreí como si nada malo hubiese pasado jamàs entre nosotros. De pronto se escuchó llegar un auto, era su padre. Ella abrió los ojos grandes y casi con miedo me dijo: llegó mi papá. Yo no entendía por que su reacción de miedo, asi que me quedé tranquilo sentado junto a ella. Su madre apresurada salió a recibirlo y dejando la puerta entreabierta, pudimos escuchar el diálogo que tuvieron.m- vino alejandro.p- que? estas loca? quien mierda lo llamó? m- la nena se levantó y está comiendo con el en la sala. p- vos estas loca boluda de mierda? para que traes a ese tipo aca? si el le jodio la vida. m- shhh hablá despacio que están cerca, van a escuchar. p- que mierda me importa, vos sos una pelotuda, por eso la nena está así, porque tiene una madre ausente, no haces nada en todo el dia y esperás siempre que los demas te solucionen todo. PARA QUE MIERDA LO LLAMASTE?? Los gritos comenzaban a oirse, los reproches y las peleas entre ellos. La abracé y le tapé los oidos, mientras notaba que comenzaba a temblar. Los ojos enormes y desesperados miraban hacia la puerta como esperando la llegada de su padre, el miedo y la desesperación de la pequeña me llenaron de coraje y estaba dispuesto a enfrentarlo por ella. Cuando el hombre entró a la sala, me puse de pié y con mirada amenazante, sin palabras le advertì que no se atreviese a levantar la voz ni a decir nada violento. El me miró de frente y entendió mi mirada, se acercó a su hija y abrazàndola le preguntó cómo estaba. Ella no correspondió su abrazo, y en cambio abrazó a su madre. El dolido por ese gesto, me mirò de frente y me dijo: tenés un minuto para salir de esta casa. y yo, conciente que estaba en su casa, lo tome del brazo y lo lleve afuera, lo empujè contra la pared y al verlo trastabillar por mi empujon le dije: - por que no te haces el malo conmigo? sabés por qué tu hija está tan mal? porque vos sos un hijo de puta cobarde de mierda. Por que carajo tratas asi a tu mujer ? no te diste cuenta que estabamos escuchando? sos una mierda. El intentó pegarme pero no pudo. Tomàndole el brazo le dije: - sabes que? hijo de puta, tendría que irme y no volver jamas asi tu hija se hace mierda de una vez, eso te mereces por pelotudo. Yo no tengo la culpa de lo que le pasa a C. vos sos el unico culpable, vos, grabatelo bien, si tu hija se muere de tristeza es por vos, por como tratas a su madre. a lo que el contesto: - Rajá de acá la puta que te parió. degenerado de mierda. Mi hermano que estaba viendo todo desde la puerta, puso el auto en marcha, la empleada me abrio el portòn y me fuí, dejando a mi pequeña sola, mas sola que nunca...

Me dicen AlejoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora