No es un sueño, es una aventura.

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------------------------------Jack-------------------

Eran ya las seis de la mañana y si quería alejar a Miranda de las furias, necesitaba que nos fuéramos rápido. Me levanté con demasiada pereza pero aún más con resignación, repitiéndome constantemente que no tenía otra opción, era necesario estar lejos de la vista de las furias.

Apesar de la falta de cansancio que puede tener un dios, tomé una ducha aún con los ojos adormilados, debido a que por alguna razón, me dolía todo el cuerpo y sentía que en cualquier momento me caería. Ha de ser el cambio de ambiente, pensé sin darle vueltas al asunto. Una vez terminé de ducharme y secarme con mi toalla azul, me cambié con una playera de cuello redondo color gris, un pantalón negro rasgado, unos converse grises y una chamarra negra. Como siempre, mi padre falso me ignoró al pasar y salí sin problemas.

Una vez cerca de la casa de Miranda, me agaché para coger una pequeña piedra para aventarla a su ventana del cuarto, pero decidí mejor optar por chasquear mis dedos  de la chica sin ningún esfuerzo mundano. ¿Para qué complicarme la situación?

Aparecí en el cuarto donde la chica de tez pálida dormía y sin gastar el tiempo que se escurría como agua, me acerqué a ella con pasos lentos y toqué su hombro, casi por inercia, la chica aún con los ojos cerrados, tomó mi brazo con su mano fuertemente, de esa manera parecía un zombie, sólo que éste no era tan intimidante, en realidad, podría decir que lucía inclusive como un lindo zombie... ¿En qué demonios pienso? 

Sacudí mi brazo hasta que Miranda lo soltó y entonces la vi con mayor detenimiento, tenía los ojos pequeños y sumidos, sin embargo con su color verde igual de brilloso que siempre y unos párpados negros los cuales si era honesto conmigo, no me resultaban repugnantes, por su estado físico, o había llorado o no se había desmaquillado bien. Me quedé quieto parado frente a ella esperando que terminara de despertar pero fue mala idea porque al poco tiempo, la ojo verde arrugó su frente hacia mí, hundiendo su cabeza en la almohada.

- Mierda Jack, son las...-Alzó la mirada para ver su reloj y talló sus ojos- Son las siete de la mañana, ten algo de piedad.

Me limité a cabecear y noté una pequeña mancha debajo de su labio inferior, probablemente baba, los humanos son tan asquerosos... pero también podían ser, ¿adorables? no estaba muy seguro de si yo era capaz de identificar algo así, viendo a la chica, pensé que tal vez sí.

- ¿Puedes dejar de verme así? Me asusta.- La voz de Miranda disparató mi pensamiento.

- Lo siento, pero luces horrible.- Solté entre risas.

- No tienes que decírmelo idiota....ahora que lo pienso, ¿Qué haces en mi cuarto?- Sonreí y chasqueé mis dedos, entonces aparecí de la nada en el otro lado de su cama y la chica alzó ambas cejas.- Eso fue genial, tengo que admitirlo.

- Sí, debo confesar que da cierta libertad.

- Ya veo, entonces también puedes transportarte a cualquier lugar.- Se afirmó a sí misma sentándose en el borde la cama.- Por favor no sigas entrando así a mi habitación...no tan seguido. 

- Entendido.- Asentí tomando asiento en la cama.-  Escucha, ya es hora de irnos.- Presioné sin más.

- ¿Qué? No aún no.- Me reprochó moviendo su cabeza como una pequeña chiflada y reí.- Ni siquiera he preparado mis maletas.

- No necesitas nada.- Rodeé los ojos.

- Mínimo deja que me cambie, voy a alistarme, así que si pudieras salir de mi habitación, lo agradecería demasiado.- Eché una carcajada y la chica me vio mal, por el amor del dios Zeus, esa chica tenía una mirada más pesada que mi padre.- Salte, voy a cambiarme.

El hijo de Hades: El dolor nunca fue tan hermoso.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora