Quería sacar una pistola y darme un tiro en ese instante, pero sería muy inútil, pues un dios no puede morir incluso deseando la muerte. Estaba nervioso, miraba a todos lados desconfiado y Eros hacía lo mismo.
- Dime, ¿Ya las han visto? - Pregunté intentando hablar en voz baja.
- Hermes descubrió a una, a Tisífone.- Tisífone era la que se encargaba de hacer sufrir a todas las buenas personas, si un mortal tenía realmente buenas intenciones y un corazón de oro, entonces podría ser víctima de los castigos de ésta furia.
- ¿Exactamente dónde?-Pregunté tenso.
- En la biblioteca donde estabas tú y Miranda
- ¿Qué?, espera un momento Cupido...¿Nos estás espiando?- Eros se rio como un niño pequeño después de cometer una travesura y a los segundos los meseros llegaron a ordenar todo lo que pedimos en la mesa, lo hacían lentamente pero con gran elegancia, enseguida se retiraron y Miranda volvió a hacernos compañía.
- He vuelto.- Se sentó la chica casi pidiendo permiso y le sonreí como si no pasara nada. Los tres tomamos nuestras bebidas y un silencio incómodo se hizo presente, algo no andaba bien, esto debería ser lo más cercano a una cita, Eros sobraba. Pasaron unos minutos en lo que platicábamos sobre cómo le iba en la escuela a Miranda, la intentaba hacer reír y Eros sencillamente oía todo lo que decíamos. Esto no estaba funcionando, no como yo quería, si realmente necesitaba que ésta joven me ame, tenía que ganarme su corazón como el de muchas chicas; con el baile.
Recordé que una vez Miranda dijo que su canción favorita era You rock my world de Michael Jackson, así que divisé la máquina de música que yacía en la esquina, chasqueé mis dedos y la canción empezó a sonar. El problema era que no recordaba que ella fuera una de esas chicas muy interesadas en el baile, por lo cual le iba a dar una pequeña ayuda.
- Miranda.- La chica alzó su cabeza una vez yo me levanté y le tendí mi mano viéndola como si me perdiera en ella...claro, sólo por la actuación.- ¿Bailas conmigo?
La joven me miró desorbitada pero casi por inercia, tomó mi mano y se levantó.
- Fue un placer verte, Eros.- Dije y le sonreí algo burlón, Cupido negó con la cabeza modelando una sonrisa con un aire de superioridad, llevé a Miranda al centro de la pista de baile y noté que éramos la primera pareja en pararse. Miranda estaba nerviosa y algo me decía que diría la típica frase de "No sé bailar" seguida de una risa. Pero no fue así, cuando tres parejas se pararon a bailar diez segundos después de nosotros, Miranda dio el primer paso poniendo sus manos en las mías y tomando el ritmo de la canción, en cambio yo, nunca había bailado antes, pero gracias a Zeus, ser un dios me hacía automáticamente "perfecto", nacía con el don de hacer cualquier cosa. Tomé la cintura de Miranda sin vergüenza alguna y la sentí temblar un poco. Se disculpó al oír mi sonora risa y tomamos juntos el ritmo.
La canción seguía sonando y entonces comencé a darle vueltas y más vueltas a la chica, le di una media vuelta de forma en la que parecía que la abrazaba por detrás y la sujetaba fuerte de la cintura para que siguiera mi ritmo, la tenía dando vueltas y vueltas cada tres pasos y ella se reía, estaba feliz. Puse una mano un poco más abajo de su cintura, y la otra mano sujetó la suya, su mano libre tomaba mi cuello y ambos bailábamos más rítmicamente. Las risas de ambos se confundían entre las voces de todas las otras parejas. Mientras bailábamos, me alejé un poco tomando una de sus manos para admirarla y ver cómo se movía, para mi sorpresa nuevamente, me costó un pequeño esfuerzo dejar de hacer eso. La chica que todo el tiempo se había portado tímida y algo seria, ahora resultaba ser casi profesional en el baile, incluso con esos pantalones de mezclilla puestos destacaba más que las otras mujeres que bailaban provocativamente, la diferencia era que Miranda no se esforzaba en dejar babeando a su pareja, sino tenía talento, sentía la música y eso a todos los hombres los hacía voltear. Sin explicación alguna, me sentí algo amenazado y volví a acercarme a ella.
Era la primera vez que bailaba, pero lo disfrutaba como si fuera la última vez que lo hiciera. Continuamos bailando pero un estallido retumbó en todo el bar. La música no paraba y las personas tampoco pero nos hizo girar la cabeza desconcertados. Pasaron otros segundos y un segundo estallido retumbó más fuerte, acompañado de unos pedazos de vidrio que cayeron al suelo, una ventana de arriba se había quebrado.
Ambos nos detuvimos y entonces divisamos cómo todas las ventanas comenzaron a estrellarse, parecía una lluvia de vidrios y las personas enloquecían preocupadas corriendo lejos de donde se encontraban las ventanas. Sonó un disparo, dos, tres, cuatros disparos más y empezaron todos a gritar espantados. Algunos hombres de vigilancia sacaron sus pistolas para estar preparados si se trataba de algunos maleantes y las mujeres se ocultaron con sonidos escandalosos detrás de sus parejas. Atraje a Miranda hacia mí de la cadera casi asfixiándola. Se escuchaban unas pisadas en el techo, lo suficientemente fuerte que daban la ilusión de que el techo se rompería en cualquier momento.
La música dejó de sonar y el hermoso candelabro que abarcaba casi todo el techo empezó a tambalearse, se caería. Otros disparos se hicieron presentes y las personas se ocultaban debajo de las mesas. Pude notar unas sombras en el techo, no eran humanas. Sabía lo que eran, las furias estaban provocando todo eso y por su forma de caminar, no lucían nada contentas. Maldije en mis adentros y vi cómo sus sombras cobraban otra forma, claro que no se arriesgarían a que las vieran en su forma original, sus sombras eran las de tres hombres armados.
- ¿Qué está sucediendo Jack?- Preguntó Miranda y la tomé fuerte de su mano, mientras todos se escondían en lo que sea para evitar que una de las balas les diera, yo jalaba a Miranda a los baños.- No sé que hacer, tengo miedo.- Confesó la chica de ojos claros mientras nos metíamos a un cubículo.
- Oye, estarás bien linda, sólo debes confiar en mí, todo estará bien, te lo prometo.- Besé su frente protectoramente.- Quédate aquí, vendré por ti.- La chica estaba a punto de decirme que no lo haría, notaba temor en su rostro, pero si quería que estuviera sana y salva tenía que dejarla allí y hacer mi trabajo.- No te muevas, y si alguien se acerca a ti y te amenaza....toma esto.- Metí mi mano a mis bolsillos e hice que apareciera mágicamente una pistola, saqué el arma y una vez lo hice, Miranda me regaló una mirada de confusión.
- ¿Por qué tienes esto, Jack?
No tenía tiempo de contestarle, tomé su mano forzándola a que tomara el arma y besé su mano para que no la soltara.
- No quiero quedarme aquí sola con esto.- Se refirió a la pistola, agitándola entre ambas manos.
- No hagas mucho ruido, y espera aquí, sé una chica buena.- Le pedí firme, los gritos de las mujeres aumentaban conforme a la incrementación de disparos.
Sin ver otra vez a Miranda, salí corriendo por la ventanilla del baño al exterior, no fue muy difícil. Vi la escalerilla oxidada que estaba unida a la enorme pared de ladrillos del bar y comencé a escalar. No sabía qué estupidez estaba haciendo, las furias estaban en el techo y tenía que llegar a ellas. Escuché las sirenas de la policía que recién llegaba y bufé, a los humanos se les ocurrió aparcar todo al rededor del bar, pero a nadie se le ocurrió atacar desde arriba donde se encontraban los causantes de todo. Seguí escalando con ya algo de dificultad, las escalerillas estaban mugrientas y con una textura casi de picos, agradecí que era un dios y no sangraba con la facilidad de un mortal. Una vez llegué al techo, noté a las furias transformadas en hombres completamente armadas. Notaron mi presencia y tragué saliva.
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El hijo de Hades: El dolor nunca fue tan hermoso.
FantasyUna noche el dios de la muerte y la diosa de la tierra engendraron a un hijo. El poder del padre sobre el de la madre, obligaba a la pequeña criatura ser mandada al tártaro y le prohibía vivir en las maravillas de la tierra. La diosa de la tierra n...