Frágil

5.9K 425 36
                                    

Quería salir corriendo pero no podía, estaba estancada en un gran problema. El director me dió una regañada de más de una hora sobre mi falta de moral, una gran regañada la cual no escuché por estar tan adentro de mis pensamientos. Había tirado todo a la mierda. 

Esto aparecería en mi expediente y ni siquiera quería pensar en la cara de mi tía Alice cuando se enterara, ya estaba sola en la silla de sentencia dentro de la sala de maestros cuando escuché un golpe en la puerta. Supuse que era algún maestro, o mi tía, pero no. 

Me levanté y caminé a abrir la puerta, y cuando giré el picaporte me topé con el peli negro que posaba una mirada sin expresión.

-Jack.-Dije extrañada y volví a mi lugar a sentarme completamente sumisa.

-Bien... ¿Qué le pasó a la dulce Miranda que he conozco?- Él preguntó.

- Ya te dijeron.-Hablé sin ser capaz de verle la cara, por todos los cielos, esto era como una pesadilla.

-Si, tus amigas me contaron que fuiste algo "salvaje".-Suspiré mirando al suelo y sentí sus pasos acercándose a mí.

-Te juro que no sé qué me pasó... sólo quería ayudar a ese chico que estaba siendo golpeado.-Confesé y apreté los labios, me sentía débil y asustada. Asustada de mí misma.

-Te entiendo.-Acarició mi cabeza.- A veces hacemos cosas malas creyendo que son lo correcto.

- No soy una asesina.-Refuté sin más y mis manos comenzaron a temblar.

- No, no lo eres, estaban diciendo que el doctor ya revisó al tipo, él se va a recuperar.

-Él siempre tendrá una marca cerca de su cuello, siempre me tendrá presente como la loca psicópata que intentó matarle.

-Hablas como si hubieras hecho lo peor del mundo, él lo merecía.-Tomó mi cabeza entre sus manos para que lo viera, pero yo aún sentía un coraje contra mí misma.

-Le pude haber arrebatado la vida.

-Pero no lo hiciste.- Trató de tranquilizarme aunque en verdad, yo sentía que se quería tranquilizar a sí mismo.

- Creí que me regañarías.- Dije sin darme la molestia de verlo más, me safé de su agarre y caminé a la ventana con los brazos cruzados, la había regado. ¿Qué demonios me pasó? Estuve tan cegada en querer ayudarle al indefenso que incluso me convertí en la mala. 

- Bueno, yo soy el menos indicado para regañarte, no estoy en posición de reprenderte de algo.- Se acercó y ví sus brazos moviéndose para abrazarme pero algo le hizo cambiar de idea, pues no lo hizo.- Sólo me preocupa que lo hayas hecho tan... repentinamente.

- Temo que otra vez me suceda.- Me pasé un nudo por la garganta. Jack no dijo más,  sólo oí un suspiro de su parte, y alguien abrió la puerta; era el director con mi tía Alice, estaba jodida. 

- ¿Sería tan amable de salir, joven?-Se dirigió el director de estatura mediana con algo de barba al peli negro y Jak cabeceó saliendo obedientemente, sin hablar más. Entonces me quedé allí con los dos adultos que me miraban serios.- Tome asiento señorita Hard.

- Claro.- Dije tragándome mi verguenza y me senté, mi tía ni siquiera me veía, se sentó en la silla a mi lado, y el director se sentó en su cómoda silla de cuero tras el escritorio.

- Señora Alice, debo admitir que nunca imaginé tenerla aquí conmigo.- Empezó a hablar el director con una pizca de tensión.

- Créame, ni yo.- Atajó mi tía con dureza y luego se dignó a verme unos segundos.- ¿Lo que ha hecho es tan malo?

El hijo de Hades: El dolor nunca fue tan hermoso.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora