—¡Necesito averiguarlo! —el monarca explicaba a su general y a su sumo sacerdote.
—Entiendo, Su Majestad; pero, es imposible que cruce el río solo. Es demasiado arriesgado. Además, ni siquiera está seguro de que se trataba de ella.
—¡Pero, si me quedo de brazos cruzados, jamás lo sabré! —respondió a su más alto militar.
—Sólo le pedimos paciencia, mi señor.
—¡No puedo! ¡Sacrificio, necesito rapidez, no sólo eficiencia! ¿Qué puedes hacer al respecto?
—Bueno... hay conjuros que podrían ayudar a un acercamiento sin ser descubierto... Por otro lado, tenemos algo que le pertenece, podría intentar hechizarla o algo así.
—¡Eso me gusta más! —Sonrió—. ¡Comienza! —El monje aguardó a que Caos se retirara y dejó escapar una leve risa.
—¡Vaya que hemos renovado energías!
—¿Tú crees?
—¡Por supuesto! Y te viene bien. Esa mujerzuela que tienes ahora, es como gangrena... Sólo espero que no te dejes llevar por el simple deseo de quitártela de encima, sabes que eso es sólo momentáneo.
—Lo sé. Ahora, dime qué plan tienes.
—Bueno, en realidad, estuve investigando un poco, mientras te reponías. —Destino sonrió.
—¡Por eso eres mi amigo!
—Envié a una de mis sacerdotisas; la única que puede infiltrarse sin ser descubierta. ¿Recuerdas a Maldición?
—¡¿Recordarla?! ¡¿Quién no tuvo que huir de ella cuando niños?! Un verdadero demonio salvaje; aún, no comprendo cómo no escogió la milicia.
—Exacto. Producto de uno de los nuestros con una mujer del reino de tu ángel; por lo que es la única que tiene cabello oscuro en nuestras tierras. Y... con tal de hacerles pagar su abandono, fue capaz de arriesgarse, si eso significaba colaborar a la desgracia de aquel reino.
—¿Y dime, ya regresó?
—Hace unas horas.
—¡¿Qué te ha dicho?!
—Calma, calma, amigo... —Rió—. Te contaré lo que averiguó. Tu ángel se llama Esperanza... "tu esperanza", ¿recuerdas? Debe haberte dicho su nombre y no le comprendiste. El escudo pertenece a su familia... —Lo observó de reojo divertido—. ¡Adivina quién es su padre!
—No lo sé... ¡Dime, no me tengas en suspenso!
—¡El rey Poder!
—¡¿Qué?! —Quedó sin aire.
—¿Si piensas hacerlo lo piensas en grande, verdad? —Se burló—. ¡Será un gran embrollo!
—¿Pues... —quedó meditabundo— qué sería de la vida sin un poco de picante? Continúa, por favor.
—Si a eso le sumas que, pronto, se va a comprometer con el mejor oficial del reino, el cual, según chismes, le es impuesto muy a pesar de que es un "tipo deseable," según mi fuente.
—¡Vaya; eso sí que fue amable de su parte! —bromeó.
—No es todo... —Destino elevó sus cejas interrogativo—. Tu ángel posee poderes de forma innata; pero, no los sabe controlar... Por eso, al sanarte se le pasó la mano e hizo crecer las hierbas debajo de ti. Digámoslo así; si el reino de Poder quedara sin su querida Esperanza, verán que la vida no es tan sencilla, como hasta la que ahora han llevado.
—¿Casi como robarles un gran futuro, verdad? —Sonrió malicioso.
—Exacto —correspondió su aliado.
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El Eclipse Eterno.
RomantikEsperanza era la princesa más joven del reino de la Luz. Su padre, Poder, un rey bastante dictador, la sentenció a casarse con el amigo de su hermano mayor y capitán de su reino, al cual ella no tolera y él sólo la ve como un trofeo a conseguir. ...
