Día 39.

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  En la habitación, Esperanza estudiaba el malhumor de Destino con asombro. No le hablaba y, después del baño, se acostó dándole la espalda. Ella tampoco le dirigió palabra alguna y, como siempre, se acostó lo más lejos posible de su persona. Pero, en determinado momento, sin saber por qué, sintió un irrefrenable deseo de reír; quizás porque, de alguna forma, la situación le parecía ridícula. Trató de controlarse, mas, se le escapó un murmullo. Hubo un segundo de silencio y él cerró los ojos. Otra vez la risa ahogada y él volvió a abrirlos. La calma duró muy poco porque, pronto, la incontenible risa de Esperanza inundó el cuarto, a pesar de su mano. El rey se sentó y la observó incrédulo y ceñudo.

  —¡¿Sería demasiado pedir que compartas la broma conmigo?! —Esperanza trató de contenerse, sin lograrlo—. ¡¿Te estás burlando de mí, Esperanza?! ¡¿De qué te ríes?!

  —¡No lo sé! —Siguió con su risa a más no poder—. ¡No puedo evitarlo! —Sus miradas se cruzaron; por fin, ella comenzó a relajarse. Destino la tenía entre sus brazos—. Discúlpeme... —pidió entre risas—. No quise enfadarlo... más aún... —Él la estudiaba con gusto y una sonrisa se dibujó en su rostro.

  —Ah. Entiendo. Sí te estabas divirtiendo a mi costa.

  —¡No, Su Majestad; no es así! —se excusó en seguida ante la probable represalia.

  —¿No? —Elevó una ceja.

  —No... —respondió pensativa.

  —¿Segura?

  —Sí, Su Majestad... Bueno... No fue intencional... —La franqueza de la joven lo hizo reír.

  —Mi ángel... eres la primera persona que se ríe de mi malhumor... En general, se apartan por temor o por no soportarme...

  —¿Y su amigo?

  —¿Sacrificio? —Ella afirmó con la cabeza—. Él sólo me tolera como amigo que es... —La observó, un instante, como si no fueran enemigos, como si fueran iguales, como si no fuera su cautiva... Ella se incomodó un poco.

  —Siento haberme reído; es que la situación me pareció cómica y... —La explicación fue acallada por un delicado beso. Esperanza descendió sus párpados, sólo fue cuestión de segundos para no sólo permitirle que la besara, si no que le correspondiese. Con la mirada encendida, Destino suspiró sobre sus labios.

  —Hasta mañana... mi Esperanza... —Se alejó de ella para irse de la alcoba. La princesa quedó confundida; el sol comenzaba a levantarse.

  La tarde transcurrió tranquila; el avance de los elfos, bajo el mando de Orden, fue interrumpido por un grupo de salvajes bestias peludas que los sorprendió en el nebuloso bosque de espinos. Los habían tomado por sorpresa, mas, se defendieron con ferocidad y, si bien hubo heridos, nadie resultó muerto. Orden y Triunfo salieron ilesos, pero, estaban tan agotados como el resto. Desde el comienzo del viaje las cosas iban de mal en peor y ya no tenían el ímpetu de lucha con el cual habían salido de su reino. Andaban tan lentos y fatigados, tanto jinetes como caballos, que parecían eternos fantasmas sin rumbo, sin llegar nunca a destino.

  Mientras, Pensamiento, el hijo rebelde de Poder, dormía cada vez más próximo a su objetivo; desapercibido por su cansancio y su proceder.

  Esperanza despertó atacada por una pesadilla donde sus hermanos varones eran atormentados por horribles bestias. Se sentó junto a un grito y una gota de sudor corrió por su sien. Destino la oyó desde la habitación contigua y se lanzó en su ayuda. Cuando entró, la halló llorando desconsolada; presto, se sentó a su lado y la abrazó.

El Eclipse Eterno.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora