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Connor tenía la cabeza sobre mis rodillas mientras yo acariciaba su cabello con suavidad. Su llanto ya se había calmado y permanecía en silencio.
-¿Vos crees que ella esté mejor?-preguntó en un susurro.
-Yo creo que ella ahora por fin se siente libre. Como cuando era chiquita. Katia ya no tiene cables, quimios, pronósticos de esto o de lo otro.-susurré.-Sé que ella está agradecida por todo lo que hiciste por ella, por todo esa tiempo que estuviste ahí.-volteó y me miró directo a los ojos.-Ella está agradecida con todos ustedes y te está cuidando. No la gusta haberlos dejado, por eso sigue acá. Ella nunca va a dejarte.
-La extraño.-dijo y sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas.
Me acosté detrás de él y lo rodeé con ambos brazos, dejando que entrelaze ambas manos.
-Sé que si. Y ella también lo sabe.
-Era muy chiquita.-lloró y besé su hombro, ocultándome en su espalda mientras ignoraba la humedad en mis mejillas.
-Los sueños de los más chiquitos, son los más lindos.-susurré y volteó.-Pensá que ahora siempre va a poder contar con ellos mientras los espera a ustedes.
-¿Vos crees que haya encontrado al abuelo?
-Yo creo que tu abuelo la encontró a ella. La amaba más que a nadie. Era su Katita.
Connor volteó hacía mi y me rodeó con ambos brazos, besando mi frente.
-Vos no te vayas.-pidió.-El otro día, fui al gimnasio. Golpeé el saco hasta que mis manos dolieron. Entonces mi psicóloga entró y me dijo, "imaginá que es Darcy". Devolví la credencial y dije que no iba a volver a ir.-besó mis labios y dejó que me ocultara en su pecho.-No quiero perderte.
-Amor, tranquilo.-murmuré.-Eso no va a pasar.
-¿Puedo quedarme un rato?-preguntó.
-No iba a dejar que te fueras así.-murmuré suavemente.
-¿Vas a acompañarme al funeral?-asentí.
Él volteó y volví a abrazarlo, dejando que acariciara mis manos.
-Me duele la cabeza.-murmuró.
-Dormí. No voy a irme.
Volteó rápidamente y se acurrucó contra mi pecho como si fuera un nene chiquito. Lo rodeé con ambos brazos y besé su cabeza mientras sentía cómo se iba calmando.

-¿Ya de fue?-preguntó papá. Asentí.-¿Cómo está?
-Mal. Sólo quiere escuchar que ella está bien.-dije sentándome a su lado en la mesa.-Maga lo llamó llorando. Es tan chiquita. Y Katia...
-Shh.-dijo él rodeándome con sus brazos y besando mi cabeza.-Sé que no es justo, mi amor. Tranquila.
Me senté en sus piernas mientras comíamos en silencio.
-Es una nena chiquita.-escuché murmurar al tío Liam, pero los ojos me pesaban demasiado como para abrirlos.-Creo que está viviendo la infancia que las faltó vivir.
-No quiero que crezca. No quiero que nunca vea morir a quienes ama. No quiero que nada de eso le pase a mi bebita. Ya está. Ya vivió todo lo difícil y más. Ahora quiero no volver a verla llorar.
No sé si siguieron hablando porque me dormí allí mismo.

Desperté junto a mi padre y me junté a su pecho al notar que estaba despierto.
-Primer día de escuela.-dijo y negué, rodeándolo con mis brazos.-Tenes que ir.
-No me siento bien.-murmuré pero él sabía que yo mentía.
-Mi amor...
-¿Vas a llevarme?-pregunté poniéndome de pie.
-Si. Pero es sólo un mes.-suspiró y se apresuró a rodearme con ambos brazos.
-Tengo que cambiarme.-murmuré y me aparté.
-Darcy, vení.-pidió. Frené y lo miré.- ¿Qué pasa?
-No quiero terminar.-confesé mirando el suelo.-Yo sólo... No quiero terminar nunca.
-Pero tenes que hacerlo.-dijo.
-Me gusta que me alcen y que me arropen antes de dormir. También me gusta que me cuiden cuando enfermo y que cumplan mis caprichos. Me gusta ser chiquita.
-¿Y quién dijo que tenes que crecer? Sabemos que tu vida está acá. Compones, hija. Me gusta que lo hagas con tu tío y apoyo esta carrera. Podes ser siempre mi nena. Nunca voy a dejar de hacer todas esas cosas que te gustan.
Pasé mis brazos en torno a su cintura y me recosté en su pecho.
-Voy a cambiarme.-musité.-Decile al tío Liam que hoy tenemos que trabajar.
Me metí en el cuarto y me puse un buzo de Freddie y un jean. Papá sonrió con suavidad y besó mi frente. Eso me sorprendió un poco pero no dije nada, ya no quería decir nada más.
-¿Darcy?-llamó alguien mientras tomaba mi desayuno. Volteé y me topé con el tío Harry.-Darcy, ¿estás ahí?
-Si, tío.-dije y me acerqué.-Buenos días.
-Buenos días, dulce.-dijo besando mi frente.-Quería desearte un buen primer día, pero creo que no tuve mucha suerte con ese estúpido despertador. Creo que va a sonar a cualquier hora.
-Si queres lo desactivo para que no te fastidie.-propuse y rió suavemente.-Voy a hacerlo ahora. ¿Vas a estar cuando vuelva?
-Nunca salgo de la casa.-dijo mientras yo subía las escaleras.-Mucho menos si sé que vas a venir.
Desactivé el despertador y procuré salir sin sacar nada de su lugar, sabía que había memorizado su habitación para no caer con nada ni perder las cosas. Sabía que no quería ayuda. Sabía que se sentía mal.

EscondidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora