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Papá no es un mal hombre, sólo llegamos a su vida en un momento difícil. Eso es lo que me repito cada mañana antes de levantarme.
-¿Vas a ir hoy?-preguntó Freddie. Negué.- Darcy, es el último partido de la temporada.
-Papá va a llevarte.-dije, volviendo a mi libro.
-Quiero que vengas.-dijo y suspire.
-Lo sé, pero él no quiere que yo esté ahí. Papá quiere que el partido sea de ustedes dos, yo no tengo nada que ver.
-Sos mi hermana.-se molestó.
-Está bien. Voy a ir.
El estado de humor de uno de nosotros siempre influía en el otro y yo podía sentir que a mi hermano le dolía que yo dijera que no. Aparte el libro y me puse las zapatillas. Lo rodee con mi brazo por la cintura y los dos salimos.
-¿Van los dos?-preguntó mamá. Asentí.-¿Van a volver a casa después?
-Yo no. Darcy si.
Avanzamos a la puerta y ella tosió. Volteamos y la vimos con los brazos en jarra.
-Chau, mami.-dijimos a la vez y besamos sus mejillas.
-Así está mejor. Pásenla lindo.

Creo que Freddie nunca notó lo que pasaba. Hacía dieciséis años, los dos llegamos al mundo. No voy a dar detalles de lo desastroso que fue eso porque es una herida que comenzó a cicatrizar, la que no cierra es esa en la que se menciona al hijo y no a los mellizos. Hay miles de fotos de Freddie en Internet, pero la mayoría de la gente no conoce mi existencia.
Mientras él corre por la cancha de fútbol y papá lo alienta, yo permanezco hundida en todas estás cosas que leí.
A veces me gustaría que él me mirara como lo hace con Freddie. Siento que si no fuera por mi hermano, ni siquiera lo vería.
Gritos. Gol. Papá abraza a Freddie y él corre hacia mi, alzándome en el aire.
-Sos un genio.-le sonreí.
-Ese gol es tuyo.-dijo y volvió a su posición.
La mirada de papá me pesó unos minutos.
Siempre parecía serle indiferente. Él amaba a Freddie. Todo era su hijo, su hijo, su hijo. Enloquecía al verlo jugar porque realmente era bueno. A veces me gustaría ser como Freddie, merecer un poco de ese cariño.
Los dos sabíamos que si nos estábamos ahogando, papá lo salvaría a él. Mamá buscaría la forma de tomar nuestro lugar para que ambos nos salváramos, y el resto de la gente que nos conoce, me olvidaría en el agua.
El rubio apareció frente a mi y besó mi mejilla.
-¿Ya terminó?-pregunté.
-Entretiempo.
-Ah.-fue lo único que atine a decir. Vi como papá se acercaba.- Estás jugando muy bien.
-Darcy, sólo mira el partido y deja de pensar tanto.
-Mi campeón.-dijo papá, sentándose junto a Freddie.- Escuchame, podes hacer otro. Fíjate que tienen una enorme falla en la defensa.
Se pusieron a hablar de jugadas y escuché atentamente. Era la forma de sentir sentir a papá, después de todo.

Dentro de dos días entraríamos a un campamento por las vacaciones de verano y sería difícil saber que no escucharía siquiera sus conversaciones con Freddie.
Miré a mi hermano, sabía que comenzaba a preocuparse por mi. Me apoyé en su hombro y él besó mi cabeza.
-¿Estás cansada, preciosa?-preguntó mi padre.
Asentí y sonó un silbato. No entendí la seña que Freddie le hizo a mi padre antes de irse. Sólo sé que él se quedó sentado en su lugar. Me miró y extendió su mano.
-Vení, Darcy.-dijo.- Tu hermano está jugando muy bien, ¿no es así?
Asentí, dejando que mi hombro rozara con el brazo de él. Era extraña su cercanía, sabía a todo aquello que había envidiado tanto tiempo y a lo que creí que nunca tendría acceso.
Otro gol, él se puso de pie y se acercó a felicitarlo. Todo eso que había creído, se desvaneció. Me hundí en mi misma y no volví a reparar en la mirada de mi hermano. Sólo quería ir al campamento y sentir que el hecho de que a mi padre le fuera indiferente, se debiera a la distancia.

EscondidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora