4.Ni lo pienses, hermanito.

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20 de junio

Fuimos a su habitación pero no agarrados de la mano, no, eso sería demasiado cliché para el gran Ángel. Él caminaba detrás de mí mientras besaba mi cuello y bajaba los tirantes del vestido. En cualquier situación normal hubiera temido que alguien nos encontrara pero hoy no, digo, él los había echado por dos horas.
Abrí la puerta que me indicó y cuando él entró la cerró con pestillo para girarse de nuevo a verme. Sus ojos verdes miraban los míos del mismo color transmitiendo las ganas que tenía de devorarme, y yo no me quedaba atrás. En menos de un segundo ya lo tenia sobre mí, atrayéndome más hacia él gracias a la presión que sus manos hacían en mi espalda baja y mi nuca. Mis brazos rodearon su cuello mientras mis manos se enredaban en su pelo rubio y perfecto.
Los besos se volvían cada vez más intensos, pidiendo más y más del otro y realmente yo quería entregarlo. ¿Pero él lo merecía? Digo, se aprovechó de mi embriaguez para acostarse conmigo, aunque joder, no me importa lo más mínimo. Sólo hay que verlo.
Mis dientes apresan su labio inferior y tiran de él a la vez que Ángel gime y hace que enrede mis piernas en su cintura. Sus manos han bajado a mis muslos y empiezan a subir la tela del vestido para encontrar un lugar más apetecible. Y en mi interior se está debatiendo una lucha interna entre la dignidad y el deseo. Desgraciadamente el deseo termina por vencer y empiezo a deshacerme de su camiseta. En apenas diez segundos estamos completamente desnudos sobre su cama, con las respiraciones aceleradas y los ojos brillando de pura lujuria. Vuelve a besarme con avidez y nos unimos de nuevo. Al menos esta vez sí la recordaré.

El sonido de unos nudillos contra la puerta me hace despertar. Miro al rubio que yace plácidamente dormido, de nuevo con la espalda a plena vista dejando ver su hermoso tatuaje. No puedo evitarlo y muerdo ligeramente su hombro, dejando después un beso. Su rostro se gira hacia mi y yo me tapo con las sábanas. Una pequeña sonrisa se forma en su rostro y está a punto de hablar cuando la puerta vuelve a sonar.

-¡Vamos Ángel! ¡Tenemos trabajo!-Es la voz de un hombre. Pero no reconozco de quién. Miro de nuevo al rubio, quién gruñe y de un salto se me echa encima. Sonrío tímidamente mientras su nariz roza la mía. No quiero ilusionarme con él, no lo conozco en absoluto, pero tiene algo que me hace sentir bien cuando estoy con él.

-Te dije que no haría nada que no quisieras.-Susurra antes de morder mi mejilla y besar mis labios. No puedo negar que la mordida me ha sorprendido pero también que me ha gustado. Creo que sólo me ha gustado por el hecho de que han sido sus labios los que han rozado mi piel.

-¡Ángel, por Dios! ¡Abre la maldita puerta!-El chico suspira y pone los pies en el suelo, se pone los boxers y se dirige a la puerta dándome una muy buena vista desde atrás. Muerdo mi labio inferior al pensar en lo mucho que me gustaría que volviera aquí.

Entreabre la puerta para que el chico no me vea desnuda, pero le da igual y este la empuja entrando de sopetón en la habitación. Me mira con asombro o desprecio, no estoy segura. Y luego posa su mirada en el rubio.

-No esperaba menos de ti.-El chico es rubio, tiene algo de barba, es unos centímetros más alto que Ángel, tiene los ojos marrones y los brazos tan tatuados como el calavera. Me mira de nuevo y ante su atenta mirada me intento tapar más con las sábanas, el chico sonríe divertido.-Al menos esta no es una puta que se le insinúa a cualquiera.-Dice volviendo a mirar a Ángel, quien tiene los músculos tensos. ¿Es que va a pegarlo por entrar así o qué?

-Ni lo pienses, hermanito.-Dice Ángel con la mandíbula y los puños apretados.
¿Hermanito? ¿Es que acaso estos dos son hermanos? A ver. Parecerse se parecen pero...no imaginé a Ángel con un hermoso hermano.

Oh, no. Hélade, no. Su hermano no es hermoso, él es el hermoso.

Son familia. En algo tienen que parecerse.

~Ángel~Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora