36. Estoy dentro.

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Narra Hélade

La lluvia fría impactaba contra mis mejillas ocultando mis lágrimas, el negro que adornaba los cuerpos de los presentes sólo me recordaba que esto era real.
Y para rematar la certeza de que al fin había ocurrido estaba ahí, en el centro, el ataúd que contenía el cuerpo inerte, sin vida, de Alejandro. De mi padre. El cual tenía un agujero de bala en la mitad del pecho, debajo de su traje negro.
Negro. Todo negro. La muerte era real.
Mi padre estaba muerto.
El dolor que sentía era inmensamente más grande que cualquier dolor físico y algo dentro de mí estaba despertando. Una parte de mí estaba clamando venganza, la parte racional intentaba acallarla, pero sin muy buenos resultados. Mi sangre ardía al ver aquella escena.
Mi madre estaba junto a la caja con la mirada perdida y el cuerpo rígido, las lágrimas silenciosas recorrían sus mejillas mostrando cuán rota estaba. Mi hermano estaba a su lado, con la mirada clavada en el ataúd cerrado y luchando por no llorar mientras intentaba aliviar el dolor de nuestra madre con caricias en sus brazos. Junto a él, dándole la mano, estaba Cristian, que a su vez luchaba por conseguir que mi hermano no se derrumbara.
Y yo...yo estaba simplemente estática, a una distancia considerable de mi familia, entre los demás asistentes, con la mirada divagando entre ellos y mi padre, sin llegar a creerme que tan sólo habían pasado cuatro días desde que mi padre tomó la decisión, cuatro días en los que debería haber aceptado su muerte, pero no había sido así. Porque, ¿cómo aceptas esto? ¿Cómo consigues que deje de doler?

Una mano se posó en mi hombro y me giré para descubrir que era Alex. Sus ojos brillaban y me decían lo mucho que le dolía verme así, pero claro, ¿cómo comparar su dolor al mío?

-Lo siento mucho, Hel.-Sus brazos me rodearon y me apretaron hacia él, haciéndome sentir un poco menos vacía.-Sabes que estaré aquí siempre.-Susurró mientras seguía abrazándome. Me permití esta muestra de cariño y le devolví el abrazo, sintiéndome un poco más en casa.

-Gracias.-Fue lo único que pude decir. Sus brazos me soltaron y pude ver que no estaba solo. Todos los chicos estaban aquí, a excepción de Cristian que había estado siempre junto a Ismael.
Estaban todos, sí, incluido él.
Mis ojos se clavaron en los suyos y vi cómo contenía el aliento. Llevaba estos últimos días sin querer verlo, desde que corté nuestra relación no me había visto preparada para enfrentarlo, pero se me pasó por completo el hecho de que él estaría aquí.
Mis lágrimas siguieron bajando mezcladas con el agua de lluvia.
Ninguno de los chicos llevaba paraguas, en realidad nadie lo hacía. Ningún familiar o amigo parecía estar preocupado por mojarse.

-Hel...-Julio se acercó a mí y me abrazó como abrazaría a una hermana que llevaba varias horas perdida. Y en realidad llevaba varios días, perdida dentro de mí misma, debatiendo lo que haría al final.
Después de él vino Marcos, Xavier, Damian y finalmente él.
Ángel, Mi Lucifer.
La persona que me había metido en este mundo y el que había intentado protegerme de él. Aunque claro, de todos modos yo ya estaba en él sin quererlo, Baggio ya me estaba vigilando desde antes de conocerle. Pero eso no impide lo mucho que duele saber que él trabaja para el asesino de dos de las personas más importantes en mi vida.

Los chicos se fueron dejándonos sólos y yo no opuse resistencia, al fin y al cabo no tenía ganas de discutir.

-Lo siento tanto, pequeña...-Ante aquél apodo mis ojos se cerraron, disfrutando y sufriendo a la vez.
Sus brazos me rodearon y mi rostro impacto sobre su pecho. Su calor me hacía sentirme aún mejor que cuando Alex me abrazó y eso a la vez que reconfortante era horrible porque debía odiarlo y sin embargo lo necesitaba en mi vida.
Lloré desconsoladamente mientras sus manos acariciaban mi cabello y espalda.
-Tranquila, nena. Todo irá bien, te juro que esto no quedará así.-Ante sus palabras me separé, sorbí por la nariz y clavé mis ojos en los suyos.

-Estoy dentro.-Dije y el horror invadió sus ojos por completo. Temía por mí y por lo que las dos palabras que acababa de decir significaban.

En una ocasión me había contado que esas dos palabras habían sido las que él dijo para introducirse en su primer trabajo con Marcos, por lo que serían mis palabras para volver a introducirme en su mundo. En la venganza.

-No. Tu padre no querría...

-Sé perfectamente lo que mi padre dijo y no me importa. Él ha muerto por rendirse, yo no voy a rendirme hasta que Baggio pague por esto.

-No puedo ponerte en peligro, Hel.

-No me pondrás tú, lo haré yo. De todos modos no puedes impedírmelo, ya no somos nada.-Mi tono frío le impactó tanto que perdió parte del color en su rostro. Mis palabras le habían dolido, me habían dolido incluso a mí, pero eran ciertas. No porque hubiera aceptado su abrazo y me hubiera sentido mejor con él aquí fuera a aceptarlo de nuevo como mi pareja.

-Tienes razón. No somos nada, pero lo fuimos. Me importas Hel, y no dejaré que nada te pase.

-Entonces enséñame, porque te repito que estoy dentro.

-No.

-Si.

-¡No!-Dijo más alto y claramente un poco más enfadado. Eso llamó la atención de los chicos, que se acercaron al instante.

-¿Qué está pasando aquí?-Preguntó Marcos mientras asesinaba a su hermano con la mirada, la cual era correspondida con la misma intensidad.

-No te importa.-Escupió Ángel.

-Pero a mí sí.-La voz de mi hermano me hizo girarme. ¿Quién más había oído a Ángel gritar? Recorrí cada rostro de los presentes, todos nos miraban. ¿Cómo de alto habíamos hablado?

-Tu hermana quiere entrar.-Dijo Ángel arrastrando las palabras. La bombilla de mi cerebro se encendió; mi hermano estaba dentro.

-No.-Sentenciaron todos a la vez, a excepción de una única y perfecta voz.

-Está bien.-Y esta voz era la de Ismael, a quién todos, incluso Cristian miraron anonadados.-Es nuestro padre. Ambos merecemos vengarnos personalmente. Ella incluso más que yo. ¿Acaso habéis olvidado que la secuestraron y violaron?¿Que ese hijo de puta mató a su mejor amiga?-Todos guardaron silencio, sabían que Ismael tenía razón.
Así que a pesar de lo mucho que me dolía haber perdido a mi padre sonreí, podría vengarlo. Podría participar en la caída de Baggio.
Porque yo, Hélade, estaba dentro.

***
Hola! Siento no subir entre semana y supongo que ya no lo haga porque estoy con exámenes y bueno...tan sólo quedan dos capítulos y el epílogo. Sip, dos capítulos.
Había pensado en hacerlo en uno pero creo que mejor en dos.
Así que bueno...¡¡empieza la venganza!!
Por cierto, la canción del multimedia es la que he escuchado gran parte del capítulo xD

Adiosito!

Xoxo😘💕

~Ángel~Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora