Capítulo 27

3.4K 213 5
                                        

—Oye, ¡amabilidad princesa! —gruñó Max.

—Amabilidad, ni que tres cuartos de moneda devaluada. Max, ¿acaso no lo sentiste?

—Sí, olvidaste muy rápido a Sam y querías besar al chico.

— ¡No!, tiene la misma esencia que mi padre.

—Imposible, siempre ha trabajado para Alain, de ser un traidor, él lo habría descubierto.

—Pues eso fue lo que sentí. Y vale recalcar que nunca antes lo había experimentado.

— ¿Qué?, ¿amor a primera vista? —dijo burlón.

—Es serio, Max. Probablemente no lo entiendas, pero... no, no creo que ni explicándotelo lo entiendas.

—Sí sé, lo de rastrear sentimientos y todo eso... tu padre lo hace muy a menudo y es molesto. Sabes, deberían de enseñar a hacer lo mismo, en vez de presumir sus dotes —y cuando terminó su discurso, la chica ya cruzaba la calle en dirección opuesta—. ¡Oye no me dejes!

Corrió hasta alcanzarla, pero la chica en ningún momento se detuvo. Caminaba como en trance, con el rostro indiferente y los pasos calculados.

—Están probando la máquina —susurró Tory—. No logro detectar de donde viene. Es fuerte.

—Debemos alejarnos, puede ser peligroso, vuelvan a casa —dijo de igual manera Reed que caminaba hacia ellos con el paquete.

—Tú ya deberías estar en el complejo.

—Me distraje —y su mirada se dirigió a la chica que hasta ese momento se encontraba callada.

—Infórmale a Alain, seguro querrá saber esto.

—Se lo diré. Vámonos —los tres partieron. Reed al complejo para entregar el paquete y la información que sin querer había obtenido.

No estaba seguro de si la chica merecía la confianza que le prodigaba Igor, pero en lo que el instructor si tenía razón es que ella era fuerte. Su moto se desplazaba veloz sobre las calles pavimentadas del centro, debía cruzar toda la cuidad para volver. Ya no tendría tiempo para resolver sus asuntos, llegaría en la madrugada y se iría a dormir.

Si hablaba con Igor él le daría la autorización que necesitaba, y podría al fin comprobarlo con sus ojos. Aunque su reciente conocida ya le había mostrado un indicio.

Max condujo despacio por las calles que lo separaban de su hogar, porque eso era lo en lo que se había convertido, en un hogar

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Max condujo despacio por las calles que lo separaban de su hogar, porque eso era lo en lo que se había convertido, en un hogar. Desde que ya no pasaba su tiempo en las misiones y su acompañante inundara la nevera con comida saludable, ya no se sentía como un extraño a la hora de dormir.

Sus manos estaban pálidas y con un tono suave de morado. Y su nariz ya estaba roja. Tardaría poco para que comenzara a temblar del frio, por lo que se dio prisa.

Cielos OscurosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora