Lanzaron sus cuerdas a la cima de tres metros de altura y comenzaron a escalar con agilidad. Tory sentía el corazón salírsele del pecho. Sus manos se deslizaban continuamente debido al sudor de su cuerpo. Colocó una mano sobre otra para afianzarla, pero solo consiguió resbalar unos centímetros.
Sus piernas se balanceaban sin control alguno y sin poderlo prevenir, soltó un chillido de miedo. Y se aferró a la soga.
— ¿Por qué tanta seguridad? —susurró Tory.
— ¿Y el ser una oficina de derechos humanos, no te parece sospechoso?
—Mucho, ellos mandan ahora, ¿por qué tendrían que esconderse? —y recibió una mirada de desconcierto por parte de su acompañante.
—Hay más organizaciones de las que me gustaría admitir, Tory. Y no todas tienen buenas intenciones.
Dos minutos más tarde luego de subir la cima, las alarmas se activaron. Un sonido que se distribuyó en las casas aledañas, y encendieron las luces para averiguar que sucedía.
Corrieron sobre el muro y se aventaron sobre unas cajas. Se levantaron cojeando y se internaron en una puerta trasera. Agentes de seguridad patrullaban la zona sin dar con ellos. Tory subió su capucha a tiempo de que un hombre entraba en la cabina de mandos para observar a los intrusos.
—Quiero que amplíes la imagen —el hombre de la computadora le obedeció, pero ninguna de las imágenes mostraba quienes eran los intrusos—. Quiero que des con la persona que haya entrado —dijo antes de dirigirse a hablar con uno de los guardias.
Tory caminó despacio hasta la sala donde el mapa señalaba que estaba su amiga. Pero en lugar de ella, encontró archivos regados sobre unos viejos escritorios de madera. Recogió uno para investigar.
—Son informes —murmuró Max—. Llevan la cuenta de las muertes que provocan y de las que están por provocar.
—Jenn... —su amiga aparecía atada de piernas y manos sobre una silla oxidada. Su rostro estaba pálido y su cabello se veía sucio. Tomó el otro y en él vio su nombre. Sus datos más importantes y los que no, incluso plasmados allí estaban el número de sus conquistas de momento. Sus gustos y lugares a los que iba. Aparecían hasta la noche en que ella desapareció.
Más abajo, unos archivos que ponía el nombre de su madre, padre, su amiga y León.
—No está aquí, debemos salir —susurró Max.
—Los llevaré, ¿hay algo en lo que los pueda llevar? —el rubio sacó un bulto que fue desdoblándolo hasta convertirlo en un bolso mediano y se lo entregó—. ¿Dónde crees que la tengan?
—Lo averiguaremos más tarde —le dijo jalándola con la mano que no sostenía un mapa.
Guardias los persiguieron hasta cerca de la entrada donde los lograron acorralar. Apuntaban con armas humanas, con la diferencia de que la parte inferior del mango era rojo pálido.
—No dejes que te den —le susurró a su compañero.
En el interior de su ser, experimentó miedo en una escala superior a la que nunca había sentido. Y cerró los ojos.
Sentía a cada uno de los hombres y sus emociones, unos temblaban del miedo, otros estaban furiosos y otros con sencillez acataban órdenes.
Su tercer órgano se activó y al abrir los ojos, los hombres se retorcían en el suelo. Sonrió antes de ver a su compañero que también se retorcía en el suelo. Lo sujetó por debajo de los hombros y lo arrastró al portón trasero. El vigilante se le quedó viendo, parecía que no podía palidecer más, pero cuando la chica le gritó que abriera el portón, este perdió cualquier rastro de color y le obedeció.
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Cielos Oscuros
ActionLa tierra ha cambiado en los últimos 16 años. Una raza nunca antes vista ha surgido de la nada, son fuertes y repelen las balas, difíciles de matar y capturar. Los llaman monstruos porque no pueden controlar...
