Su cuerpo ya no soportaba el desvelo, su espalda se curvaba provocándole dolores y los ojos se le cerraban cada tanto. Aparcaron en un motel y pidieron una habitación.
—Yo dormiré en el sillón —dijo Max luego de entrar a la pequeña habitación.
—Duerme conmigo, solo no te acerques —advirtió con las manos en puños.
Y el chico entró a la cama con el cuidado de no acercarse a la chica en ningún momento. Pero no durmió instantáneamente como su compañera, tardó un poco en pensar.
Con el niño un sentimiento en su interior había crecido, como cada vez que encontraba uno, talvés se debía a lo sucedido con sus padres, pero deseaba en lo más profundo de su ser, tener un pequeñín al cual cuidar y amar. Pero no le veía futuro al sentimiento, pues a la única mujer a la que se acercaba, estaba a su lado y también enamorada de otro chico, pues aunque no lo admitiera, amaba al chico.
Además tampoco era seguro tener hijos. Nada garantizaba que esos niños fueran a estar protegidos del gobierno. Trató de ya no pensar, pero le fue imposible. Su mente volvía al niño. Una y otra vez.
Tory se levantó con el cuello doliente y las piernas entumecidas. Miró su reloj que indicaba las nueve de la noche. Despertó a Max con un almohadazo y lo obligó a tomar una ducha antes de ella para que se despertara bien.
Veinte minutos después pudo entrar al baño, el agua caliente le relajó el cuerpo y le ayudó a quitarse el sueño. Para cuando salió ya cambiada, encontró al chico listo, pero nuevamente dormido sobre la cama.
A las tres de la madrugada regresaron al apartamento, su llegada les tomó cuatro horas, ya que Max por momentos se quedaba dormido conduciendo, por lo que encendieron la comunicación y Tory le fue gritando incoherencias para que ninguno tuviera un accidente. Solo que esto consiguió poner de mal humor al rubio.
—En la noche saldremos a... no sé, solo duérmete y no hagas más ruido —y se encerró en su habitación, dejando sola a la chica que se fue directa al refrigerador para sacar unos churritos y comerlos antes de ir a dormir.
Cuando estuvo cómoda y satisfecha su sueño se fue, y ni la música funcionó para hacerla dormir. Así que volvió a leer los mensajes de su móvil, pero entonces recordó lo de las ondas. Ahora ya no podría sentirse mal, sin sentirse culpable por hacer que medio mundo lo sintiera con ella.
Cerró los ojos y con el conteo de chanchitos imaginarios, se instaló en un sueño profundo. Ya llevaban más de doce horas de dormir, pero el cuerpo le parecía más cansado que en ocasiones anteriores. Y no despertaría hasta la noche o hasta que su estómago pidiera una recarga de alimentos.
No escuchó sonido de su vecino de habitación en todo el día lo que le permitió seguir durmiendo aun después de que se le quitara el sueño y el cansancio. Su cuerpo seguía pidiéndole reposo por todas las noches de desvelo y las mañanas de barrendera pública. Lo bueno de todo eso era que algún día podría comprar un apartamento aparte, para dejar en paz a Max.
— ¡No! —gritó Max, lo que hizo que Tory se despertara.
Salió corriendo para ver que ocurría, sus pasos le supieron interminables hasta llegar a la sala, donde Max se levantaba del suelo. Sus ojos estaban rojos y abiertos a tope, como si algo le hubiese sacado un susto de muerte.
— ¿Qué es lo que pasa? —notó todo en orden, ningún atacante, fantasma o cualquier cosa que hubiese estado mal.
—Un mal sueño —negó con el ceño fruncido—. Muero de hambre.
—Como que te estás mal acostumbrando a que te haga la comida —gruñó la chica.
—Entonces salgamos —propuso.
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Cielos Oscuros
AcciónLa tierra ha cambiado en los últimos 16 años. Una raza nunca antes vista ha surgido de la nada, son fuertes y repelen las balas, difíciles de matar y capturar. Los llaman monstruos porque no pueden controlar...
