Más tarde en el comedor se sentó sola, sentía la incesante necesidad de librarse por unos instantes de todo lo que la agobiaba.
—Estuve esperándote todo el día para salir. Ese chico ocupó mi silla y tuve que sentarme con "Kilian risitas espeluznantes" —dijo Grecia llegando de la nada. Hablando de soledad.
—Lo siento, de seguro viste el espectáculo que dimos.
—Dudo que alguien aquí se lo haya perdido. ¿A dónde fuiste después?, te busqué y solo vi a Sam.
—Igor —resumió y la chica comprendió un significado diferente de lo que el nombre en realidad representaba en aquel momento. Le dio un suave abrazo y se levantó—. Ni una palabra —la amenazó con el dedo índice y se marchó a su mesa de todos los días.
Rezongó por la comida y todo aquel que le volteara a ver. Y por el ruido y la iluminación. El agujero no paraba de crecer y en el proceso la consumía, se sentía cansada y estresada y malhumorada, en fin, una cantidad de síntomas que solo la llevaban a frustrarse.
—Levanta tu ánimo, acabarás dejándonos al descubierto —y Zia con la confianza por las nubes, tomó asiento frente a ella—. Sé cómo callar el tercer órgano —dijo y luego procedió a explicarle que el agujero que sentía en el pecho era en realidad su tercer órgano que estaba consumiendo más sentimientos de los que podía recibir.
Las chicas se levantaron de la mesa y avanzaron hacia la salida, pero a mitad camino fueron interceptadas por Sasha y compañía.
—Creí que ya te habías ido —ironizó Tory.
—No ganaste zorra, pero ya le informé a Alain para que se encargue de ti —y se dio la vuelta para acercase a la mesa de los chicos.
—Es una ridícula, ignórala —Zia la jaló para que continuaran avanzando—. No es bueno que pelees ahora.
Subieron a sus motos para dar inicio a una escapada sin autorización. Recorrieron las calles a una velocidad lenta, quería ver la ciudad y sus luces. De noche los paisajes se transformaban, se contagiaban del aire misterioso de sus inquilinos.
Se detuvieron junto a unos portones oxidados, Zia con calma golpeó tres veces y un joven salió a su encuentro.
—Los chicos ya están dentro, veo que conseguiste a una chica y linda —dijo con una sonrisa torcida, Tory pasó de él y le dirigió una mirada de curiosidad a su acompañante.
—Déjanos entrar, Gustav —este de inmediato soltó el candado de la reja y la cerró tras ellas. Caminaron hasta lo que parecía un refugio de guerra.
Armas adornaban y excedían el salón. Chicos iban y venían tomando y escogiendo las que iban a usar.
—Bienvenida a tu nueva cura —dijo Zia sonriendo—. Estas en mi equipo y cerca de mí, nada de caer pronto, tenemos mucho que ganar —añadió corriendo por una de las armas más pequeñas—. Son señaladores de metal, te marcan con rojo, así que un golpe en tus zonas humanas mortales y estas fuera.
— ¿Funcionan como un arma humana? —el titubeo en su voz delató el miedo que sentía.
—Sí, solo que todos aquí somos manipuladores, así que no tengas miedo de disparar.
— ¿Eres manipulador? —dijo con los ojos abiertos a tope. La chica a su lado asintió.
—Un secreto por otro —y le pasó un arma de mayor tamaño—. Estarás a mi izquierda, he visto que la tuya es increíble —salieron para enfrentar a otro grupo. Al frente del grupo venía un chico de ojos rasgados, Tory estaba casi segura de que tendría raíces taiwanesas.
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Cielos Oscuros
AçãoLa tierra ha cambiado en los últimos 16 años. Una raza nunca antes vista ha surgido de la nada, son fuertes y repelen las balas, difíciles de matar y capturar. Los llaman monstruos porque no pueden controlar...
