La tierra ha cambiado en los últimos 16 años. Una raza nunca antes vista ha surgido de la nada, son fuertes y repelen las balas, difíciles de matar y capturar.
Los llaman monstruos porque no pueden controlar...
—Algunos de los que no salimos arreglamos este lugar, antes era parecida a los demás salones. ¿Te gusta? —dijo dándose cuenta que antes no se había detenido a escucharla.
—No. La amo.
—Algún día escribiré una novela tan buena como las suyas.
— ¿Quieres ser escritor?, he oído que les va mal con la paga. Más en los tiempos que corren, sé que la mayoría terminan muertos.
—No lo haría por el dinero. Creo que si los demás escuchan lo que en realidad sucede en este lugar, cambiarían su manera de pensar sobre nosotros. Un libro es la única manera para demostrar que también somos humanos —bajó la mirada—. Y por mi vida no me preocupo, en cuanto escriba ese libro habrán terminado todas mis aspiraciones. De hecho escribiría un romance; ya lo visualizo en las tiendas, y de fondo tú y Sam en la portada.
—No molestes —dijo sonrojada.
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Un mes después todo iba pintado de rosa para Tory, se habían vuelto inseparables con Grecia, y con los amigos de Sam, compartió momentos únicos. Con Kim todavía no se llevaban bien, cosa que los demás no sabían explicar. Sus clases ahora las recibía con otros profesores que la elogiaban continuamente. Pero para su instructor seguía siendo insuficiente, cada vez que la mandaba al suelo la regañaba.
También estaba contenta pues dentro de poco tiempo podría ir a las calles. Pertenecía al grupo de Sam, con quien cada noche se reunía en la sala de lecturas. Se había obsesionado con la red, y de cada actividad extrema del complejo. Al igual que de la natación.
Y unos días atrás, la situación con el morocho era levemente incómoda. Al arrojarse a la red, lo hicieron juntos, por lo que cuando llegaron a su fin, habían quedado tan cerca que sus rostros rosaban. Ella se disculpó por su torpeza y él solo cambió de tema.
Incluso los amigos lo notaban y les preguntaron, por lo que volvieron a tratarse como antes.
—Hoy escogerás a que rama en particular te dedicarás. No quería que tomaras decisiones apresuradas, por ello te di una semana. Pero antes de que me lo digas, vuélvelo a pensar —indicó Igor repitiendo el discurso por cuarta vez.
—No hay cambio de opinión, quiero ser ejecutora —dijo con el mentón levantado.
—Espero no sea porque quieres acompañar a Sam, los he visto muy juntos —dijo en un gruñido.
—Él no tiene nada que ver. Solo creo que no tengo don de gente o soy tan tolerante con las personas. Y ya sé que tú solo has entrenado a mediadores, pero míralo como un reto nuevo —dijo con los puños levantados.
—No es por eso. Simplemente quiero que tomes una decisión perdurable —y ella lo comprendía.
La elección que se tomaba ese día, se mantenía por el resto de la vida. En el complejo se ayudaban, y por ello estaban tan empeñados con la organización. Y crearon grupos con objetivos definidos, como los mediadores, que se encargaban de la política, ellos ocultaban su verdadera identidad para acceder a cargos políticos y poder evitar que se aprobaran leyes que los perjudicaran o para abolir las que ya lo hacían.